Vivir el encierro

Mucho hablamos en redes y medios de comunicación de la racita que en Alerta Máxima por el COVID-19, con un incremento un día sí y otro también en el número de casos y el número de fallecimientos por las mismas, le vale un soberano y sale a la calle como si nada, ¡COMO SI NADA!

Pero poco nos ponemos a pensar en quienes han vivido en el confinamiento incluso desde antes de que comenzara la emergencia sanitaria. Llevan ya casi tres meses de encierro, con salidas muy esporádicas, exagerando si se quiere en tooooodititas las medidas preventivas para evitar contagios (más cuando se trata de grupos de riesgo). Banda que anhela como nadie más el poder salir de casa sin correr el riesgo de morir por la imprudencia de alguien más.

Ellos también merecen respeto a las acciones que están tomando, porque en el fondo es un enorme sacrificio que también cuesta salud mental y emocional, un sacrificio que muchos no valoran ni asimilan. Es un sacrificio por los otros, por los demás que aun a pesar de la pandemia tienen que salir de casa a buscar la papa. Seamos conscientes.

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