Desvirtuar la lucha

A propósito del litigio en la Joya de la Corona, bien cabe la reflexión sobre la participación de la mujer en la vida pública y política del país y cómo la lucha legítima por la conquista de derechos de pronto se desvirtúa para servir a otros intereses, una lucha que va más allá de una cuota de paridad y que en el fondo encierra un acto de justicia.

Pese al avance en otorgar garantías para la mujer y la creación de leyes para abatir diferentes tipos de violencia contra las mujeres (incluyendo la violencia política), de algún modo el patriarcado se abre paso con prácticas como las “Juanitas” o, más recientemente, fingir una aparente alianza con las luchas de las mujeres, pero que en el fondo esconden esquemas de control y dominación legitimados en la vida pública.

Desvirtuar de esa forma las luchas legítimas de las mujeres atenta contra sus propios derechos, pues representan un retroceso en la generación de entornos más equitativos, paritarios, donde se fomente la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres. La esencia de estas luchas no es buscar la superioridad de un género sobre el otro, sino reconocer las diferencias y abatir las desigualdades por razones de género. Sacar raja política, en cualquier circunstancia, es perpetuar violencias contra las mujeres, aun cuando sean cometidas por otras mujeres.

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