El asesor necesita asesores

Ernesto González Romo, asesor de la senadora Soledad Luévano, en su pretendida aspiración a convertirse en alcalde de la Capital, recién presentó en redes sociales su libro “¡Zacatecas puede! 21 acciones de cambio para transformar la ciudad”, donde deja en claro que un community manager no es precisamente un buen político ni tiene visión de estadista.

El documento, dividido en nueve capítulos distribuidos en más de 80 páginas, de inicio no está disponible al 100% en internet, pues solo se cargaron las primeras 30 páginas que, sin embargo, son suficientes para darnos cuenta de quien no conoce su municipio, mucho menos su estado y aun así hace planteamientos que doblarían de la risa a cualquier estudiante de Economía de la Universidad Autónoma de Zacatecas (ya ni siquiera hablamos de especialistas de la Unidad Académica de Estudios del Desarrollo).

Más allá de los evidentes errores en la redacción (con el salario que gana como asesor bien pudo invertir en una corrección de estilo decente), la introducción se nos presenta como un melodrama más barato que “La Rosa de Guadalupe” donde el estado de Aguascalientes se convirtió en ese milagro tan esperado para su familia.

Total, que en esta especie de romantización de la pobreza y la idealización de la “cultura del esfuerzo” que se exponen en el primer capítulo, primero reconoce que hay diferencias económicas entre Aguascalientes y Zacatecas, pero luego intenta convencernos de que Zacatecas debe aspirar a ser un segundo Aguascalientes.

Y aquí es donde empieza la confusión porque algunas veces se refiere a la Ciudad de Zacatecas y en otras a todo el estado dentro de sus propuestas, o al menos las pocas que se ofrecen en las únicas 20 páginas disponibles (si consideramos que las primeras 10 corresponden a la portada, el índice y su melodrama familiar).

Hacia el Capítulo II, “Zacatecas debería ser rico”, cae en falsos categóricos que incluso van contra los fundamentos de la Cuarta Transformación, que le apuesta a la generación de bienestar, mucho más que la generación de riqueza. Y cuando hablo de falsos categóricos me refiero a que primero compara la industrialización de la ciudad de Aguascalientes contra el rezago en la ciudad de Zacatecas, pero al siguiente párrafo se refiere a las riquezas de todo el estado de Zacatecas, como los aprovechamientos maderables en Monte Escobedo.

Nunca precisa en términos de qué hemos de considerar a Zacatecas como un estado “pobre” y a Aguascalientes como un estado “rico”, aunque en este capítulo ya se nos presenta como una hipótesis que Zacatecas es “pobre” porque no se ha industrializado (o al menos así lo da a entender, hasta que en el último párrafo afirma que es por las “decisiones estratégicas” tomadas). Seguimos sin entender si a lo largo del libro se referirá al estado de Zacatecas o solo a la ciudad Capital.

Pues a partir del tercer capítulo comienza a preocuparnos con la propuesta de fusionar a los municipios de Zacatecas, Guadalupe, Pánuco, Morelos y Vetagrande con el argumento de que en el municipio de Aguascalientes tienen mayor extensión territorial y que aquí se pierde mucho tiempo y dinero porque cada municipio ejerce su autonomía federalista. Como que se olvidó de que la comunidad de Tacoaleche, en Guadalupe, lleva más de una década buscando convertirse en municipio. ¿Por qué habrían de aceptar integrarse en un “megamunicipio”?

Para Ernesto González Romo, esta sería la oportunidad de dejar de ser “aldea” (como si viviéramos en favelas o chozas en el monte) para convertirnos en un municipio con una gran extensión territorial llena de oportunidades. Simón, pero eso implicaría un reto cinco veces mayor para garantizar los servicios públicos a los que se está obligado por el artículo 115 constitucional. Si con los recortes presupuestales de la federación muy apenas lograr sobrevivir las administraciones de estos cinco municipios, ¿cómo le harían siendo uno solo con senda dispersión poblacional?

Ahí comienza la primera traba, pues como bien indica, se requeriría que el 70% de quienes habiten la región aprueben la propuesta. O sea que si no es aprobada, se le caen todas las propuestas expuestas en su libro, pero el asesor se olvida de esta premisa cuando expone su segunda acción para ofrecer agua a precio justo y servicios públicos mixtos únicamente en la ciudad, sin continuar con su propuesta del “megamunicipio”; eso sí, distinguiendo entre los servicios que se brindarían a las zonas “más ricas de la ciudad” para que tengan “servicios de altísima calidad”. ¿La 4T no está en contra de los privilegios?, ¿no se supone que le apuesta a abatir las brechas de desigualdad?

Pero bueno, siguiendo con el análisis de sus propuestas donde quiere convertir a Zacatecas en Suiza, también se olvida de que Pánuco tiene su propio sistema de agua potable y tendría que ser integrado en un “megamunicipio” con su propio órgano intermunicipal como la JIAPAZ, donde actualmente cada municipio tiene su propia representación ante la Junta Directiva y, siguiendo la lógica de sus propuestas, perderían su representación Guadalupe, Pánuco, Morelos y Vetagrande, lo que dejaría la puerta abierta para que la federación y el estado tomaran las decisiones al seno de este organismo porque tendrían mayoría indiscutible.

Pasemos pues a su tercera acción, “Simplifícate”, que no es más que una mejora regulatoria para reducir la burocratización en los trámites y servicios que brinda el municipio y que ya se realiza de la mano con la Comisión Federal de Mejora Regulatoria (COFEMER).

Aquí llama la atención el grado de ignorancia de Ernesto González Romo cuando cuestiona por qué la gente debe presentar copia de su CURP, acta de nacimiento y otros documentos para recibir un apoyo o realizar algún trámite. Se le olvida que es parte de lo que debe incluir un expediente para que cada peso que sale del municipio esté justificado y no sea objeto de fiscalización, a diferencia de la Delegación de Programas para el Desarrollo o el Programa Crédito Ganadero a la Palabra cuyos padrones de beneficiarios no se han transparentado a la fecha, pero sí acumulan muchas observaciones.

También propone el asesor de la senadora Soledad Luévano que el municipio deje de utilizar libros de Excel para hacer los trámites y archivos. Ignora que en esta administración municipal se impulsó un proyecto de modernización administrativa con un software interno que permite no solo agilizar estos trámites y servicios, sino tener un mayor control sobre el ejercicio del gasto. Lo que urge es tener un Padrón Único de Beneficiarios donde los tres niveles de gobierno puedan acceder a la misma información y así evitar la duplicidad en la entrega de apoyos; sin embargo, la federación se ha negado a implementar esta propuesta.

Bueno, pues si esto no fuera suficiente, en su cuarta acción (y la última disponible en su libro digital de 20 páginas) propone un Zacatecas sustentable con una mejor recolección de basura (¡chale, qué ideota!) y un centro de reciclado moderno y eficiente, así como el que propuso en su momento el ex alcalde Enrique Flores Mendoza para tener recursos adicionales para el municipio aprovechando los desechos que se recolectan día a día.

Además, Ernesto González Romo propone la construcción de dos plantas tratadoras de agua y la rehabilitación de las redes de agua potable, además de cambiar el alumbrado público por un sistema basado en la energía solar.

Sobre el primer punto, primero habría que terminar de aprovechar la Planta Osiris, porque a las aguas tratadas aún no se les da una utilidad al 100%, sin olvidar que para el segundo punto se requieren inversiones de miles de millones (como ocurrió en Fresnillo hace ya varios años), mientras que en el tercer punto ya la Secretaría de Desarrollo Urbano, Vivienda y Ordenamiento Territorial (SEDUVOT) había impulsado ese proyecto, pero se robaron las lámparas, que casualmente aparecieron en la comandancia de la Policía Municipal de Guadalupe.

En fin, más interesante hubiera sido leer propuestas sobre cómo le podrían hacer los municipios frente a la desaparición de fideicomisos y el recorte en participaciones y aportaciones de la federación, como el Programa de Fortalecimiento para la Seguridad (FORTSEG), el Fondo Metropolitano, el Fondo Minero, el 3×1 (hasta parece incongruencia que Ernesto González Romo reconozca la gran aportación de los migrantes a través de las remesas, pero nada dice de la extinción de los programas para apoyarlos), entre otros fondos para apoyar a grupos vulnerables, al sector agropecuario o para impulsar la industria, la economía, la ciencia y la educación.

Como profesional de la corrección de estilo, ojalá no hubiera leído sendas aberraciones en la redacción de un documento que deja mucho qué desear. Incluso si fuera un panfleto de promoción político electoral, daría pena ajena por la cantidad de incongruencias en su exposición. Ahora entiendo más por qué la senadora Soledad Luévano ha sido tan gris en su trayectoria política. Con esos asesores, más vale solo que mal asesorado.

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