La seguridad

Puede ser la principal demanda de la ciudadanía, no la única, pero sí afecta a otros indicadores sobre el bienestar del país, como la paz y la tranquilidad, la confianza en las instituciones, la economía, el empleo, hasta la atracción de inversiones, pero si los números cada vez muestran un panorama más negativo, difícilmente cambiará la percepción.

No es un asunto exclusivo de esta administración. Cada presidente ha llegado al gobierno con una estrategia de seguridad diferente, según lo que considera que debe atenderse y con base en ello delinea sus acciones, programas y proyectos que en ningún caso se limitan a una sola dependencia, sino que son transversales y atraviesan los tres niveles de gobierno.

Pero preocupa cuando la estrategia se centraliza sin compartir funciones y atribuciones con los estados, sin coordinación incluso con los municipios, sin tener un diagnóstico claro sobre las causas de la inseguridad para atenderlas de manera asertiva con programas específicos, aunado a los recortes al presupuesto de seguridad a estados y municipios. Así las cosas, el 2021 pinta para ser peor.

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