Los sin nombre

6 mil 900 cuerpos han sido encontrados en más de 4 mil fosas clandestinas localizadas en los últimos 14 años. Hoy sorprende la estadística, pero esos números tuvieron (tienen) un nombre, un rostro, una historia que los vinculó con el mundo. Son nombres que en algún lugar tienen unos ojos que aún lloran su ausencia y apelan al milagro de la divinidad para reencontrarse con los ojos de sus difuntos.

Enterrar a nuestros muertos, bajo estas circunstancias, también se ha convertido en un privilegio frente a quienes no tienen un cuerpo para llorar su partida. En las familias quedan sendos huecos que el Estado y la sociedad no han sido capaces de llenar, mucho menos de ayudar a suturar las heridas por esta falta.

Muy curiosa la política de hoy. Hay quienes en su afán de proteger a las víctimas, revictimizan y lucran con su dolor. Lo cierto es que esos miles de cuerpos tampoco tienen una lápida que dé cuenta de su paso por este mundo. Será que su nombre, como tantas injusticias, también se volverá silencio.

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