Se acomodan las calabazas

En el 2016 juraban amor y lealtad al partido. En el 2018, tras la derrota en las urnas, muchos corrieron con la cola entre las patas y se vendieron al nuevo “amo”. Como Judas, hasta negaron de sus orígenes tres veces. Y hoy que no hay escenarios claros para el 2021, con todos andan, a todos aplauden, juran lealtad aquí y allá. Pero hay quienes no olvidan.

En el PRI, se sabe, la lealtad en las buenas y en las malas es lo que más valoran. Sin rencores, pero con cautela. Eso sí: las traiciones tienen nombre y apellido, y permanecen en una lista negra, muy negra, para no olvidar. Y hoy que muchos pretenden volver como el hijo pródigo se toparán con pared. No es infamia, es lo que cada uno cosecha con sus actos.

Hoy que inicia una nueva etapa para el tricolor se verá cuáles son las lealtades que han estado al pie del cañón, que siguen de pie y que seguirán de pie rumbo al 2021. Los que no fueron llamados “a la mesa del señor” ya saben por qué. No es necesario hacerse los sorprendidos, mucho menos victimizarse. La política es también un juego de lealtades.

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