Luna Nueva: Mi último boticario

Por allá en los años 50 del siglo pasado, en Zacatecas, las boticas eran lo único que había al alcance del pueblo para buscar alivio a casi todos los males que aquejaban a la población de ese tiempo.

Al llegar a los establecimientos, lo mismo se pedía y se preparaba un ungüento para las rozaduras de pañal que un tónico energizante que revivía a los que se pasaban de copas en la juerga de los viernes o sábados; la atención era personal, directa y se podía decir que hasta amistosa y los remedios, medicamentos o recetas se hacían a medida, en exclusiva se diría hoy día.

En mi casa paterna, todavía era común hasta antes del nacimiento y proliferación de las farmacias de patente, de cadena o franquicia mencionar la botica como sinónimo (mal empleado) de farmacia, sería porque mis padres disfrutaron todavía del ambiente netamente provinciano del que se hace gala en películas de la época de oro del cine mexicano, ese que al menos yo imagino en color sepia o en blanco y negro.

En ese Zacatecas de los años 1950, cuando la población en todo el estado rozaba las 700 mil personas, en la ciudad capital, gente de todos los estratos sociales buscaba alivio a sus padecimientos en las boticas; para entonces recuerdan mis viejos, los boticarios, casi casi médicos licenciados, eran Chito Carrillo en Tacuba, Luciano Vargas, en la avenida Juárez y Lalo en una botica situada muy cerca del Jardín Independencia…

Más tarde llegó José Luis Romo, con su Farmacia de la Luz, primero en Tacuba y luego en la avenida Guerrero, y Uziel Gutiérrez de la Isla con su Farmacia Galénica en la calle Donato Guerra y en el Mercado Arroyo de la Plata.

A los tres primeros no los conocí o al menos no los recuerdo, pero a don José Luis Romo sí, de él recuerdo que mis padres iban a buscar todo tipo de remedios y llegué a ver filas de personas que venían de otros municipios a pedir “consulta” con José Luis, así le llamaba la gente, con la confianza que el hombre se había ganado.

Con don Uziel Gutiérrez de la Isla la historia fue distinta.

Su nombre me fue familiar desde hace muchos años, no sé cuántos, porque leía su nombre en las etiquetas de varios productos que acostumbra comprar, ya fuera para uso medicinal o para uso cosmético; por mi profesión sabía que era un destacado químico, fundador de la Farmacia Galénica en 1989, tal vez por el amor que le tomó al oficio/profesión en la Farmacia de la Lux, cuando era un adolescente, nunca le pregunté, pero quizá ese fue la razón por la que decidió estudiar y licenciarse como Químico Farmacobiólogo.

Yo lo admiraba desde que iba y quedaba maravillada con su botica, que era como entrar en una máquina del tiempo y viajar algunos años al pasado al ver las estanterías de madera, los frascos, los tubos de ensayo y las probetas. Para mis adentros pensaba que era un genio, una especie de mago que hacía alquimia para curar y embellecer a la gente.

Hace un par de años tuve la fortuna de trabajar con él y descubrí a un hombre maravilloso, chapado a la antigua, caballero pues, estudioso, generoso, amante de la historia, de la cultura e incansable promotor de la identidad… ese era un tema en el que hacía hincapié: la identidad.

De esta manera fundó Horizontes de Identidad Zacatecas y buscó hermanar a Zacatecas, por medio de la cultura con otras ciudades de Latinoamérica; no estoy segura qué fue primero, pero como embajador de cultura también participó en la fundación de la Red Latinoamericana de Cronistas… fue el primer cronista oficial de la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Hay muchas cosas qué decir de don Uziel, pero baste con decir que amó tanto a Zacatecas que trabajó incansablemente para preservar nuestra memoria histórica a través de la cultura, las costumbres y la historia que nos identifica gracias a su labor como columnista y cronista.

El 10 de noviembre de este año escribió la última página de su historia personal dejando detrás un legado cultural, no solo como químico, académico e investigador universitario, sino como un hombre que amó la historia de Zacatecas.

*Con todo mi amor, respeto y admiración a don Uziel Gutiérrez de la Isla; hombre de ciencia y espíritu libre, afectuoso, generoso, curioso, estudioso y dedicado, pero sobre todo, buen amigo. QDEP

3 comentarios en “Luna Nueva: Mi último boticario”

  1. Prof.Felipe Escobar Galicia

    Excelente bio grafía de botó arios muy reconocidos en la capital Zacatecas,afortunadamente conocí a varios de ellos como a Chito Carrillo, a Lalo quien fue el médico familiar, a José Luis Romo y al maestro Uziel Gutierrez de la Isla con quien estuve apoyándolo en varios eventos culturales sacando fotografías y vídeos y hacer la crónica de estos eventos,grandes recuerdos,el haber compartido con el maestro Uziel Gutierrez de la Isla,con Erika Flores y con Lucía Dinorah Bañuelos de quien aprendí mucho con relación a lo que es redaccion.

  2. Profesor Efraín Gutiérrez De la Isla

    Gracias Periodista Lucía Dinorah Bañuelos por su generosa remembranza sobre las pasiones boticarias y de la crónica de la UAZ, de mi hermano -creador en el estado de Zacatecas de la Farmacia Galenica- el QFB Uziel Gutiérrez De la Isla (17 de mayo de 1954 – 10 de noviembre de 2020). Sus palabras son un manantial de consuelo y de dulce paz que nos ocasiona mirar la vida y la obra de mi hermano como una fuente de infinita inspiración. La familia Gutiérrez la saluda con cariño y gratitud.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.