¿Quién vio?

Se dijo que la 4T era diferente, que sus impulsores no eran los mismos que aquellos corruptos a los que acusaban (y siguen acusando) de haber dañado al país. Pero venían de las mismas filas, acuñando las mismas viejas prácticas que juraron combatir y hoy se curan en salud atribuyendo la corrupción a otros grupos y colores.

Pero en la 4T no todo es color guinda pintado de “esperanza”. Aunque hay miembros honorables de probada honestidad, cada vez surgen más nombres vinculados con irregularidades en su gestión y ante los señalamientos se acusa de “infamia”, se desvía la atención hacia otros señalados por corrupción sin responder a sus propios vicios o simplemente guardan silencio ante las acusaciones.

Y sin embargo sobreviven las prácticas de corrupción que no son propias de un grupo o partido. Se trata de un fenómeno que atraviesa la vida pública y política del país y que en cada administración se institucionaliza bajo diferentes formas, aunque en el fondo sigue siendo corrupción. Total, con el respaldo de 30 millones de mexicanos, ¿quién vio?

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