¿Y en el fondo qué dijo Claudia Anaya?

Si hay algo de lo que carece David Monreal es de elocuencia y fluidez en su discurso, ya no hablemos de otros detalles más graves, pero sí es un aspecto que me hace pensar en la vaguedad de sus ideas que en el fondo se traducen en huecos informativos.

Por el contrario, Claudia Anaya ha ido puliendo esta habilidad con el paso del tiempo. Le conocí hace más de una década, cuando dirigía la entonces Comisión Estatal de Atención Integral a Personas con Discapacidad (CEAIP) en una oficina de reducidas dimensiones frente al Caballito de González Ortega.

De aquellas entrevistas me quedé con la impresión de una joven con todas las ganas de servir, de trabajar para cambiar la situación de varias minorías y que en ese afán de informar todo lo que estaba haciendo, de pronto te abrumaba con datos y se perdía el hilo de la entrevista.

Una década después, pude ver a una Claudia Anaya plantada en el pleno del Senado de la República que ya no solo dominaba los datos duros, sino que se permitía jugar con la respiración, con la entonación, con la dicción, con la intencionalidad de las frases, con el sarcasmo. Una política con elocuencia y fluidez en su discurso.

Este miércoles dio una nueva muestra de esa capacidad. En su arranque de precampaña, en su aspiración a lograr la candidatura a la gubernatura por la alianza “Va por Zacatecas” (PRI-PAN-PRD), Anaya Mota tenía muy bien estudiada a su audiencia.

No solo se dirigía a militantes del Revolucionario Institucional (PRI), sino que a través de la transmisión en las redes sociales había otra audiencia cautiva, ese más del 25% de posibles votantes que aún no definen el sentido de su voto, según las últimas mediciones de varias casas encuestadoras.

Pero todo en su debido momento, pues buena parte de su mensaje se centró en convencer a la militancia tricolor de apoyar el proyecto que encabeza, y con un guiño a las audiencias virtuales, enumeró por qué es necesario un contrapeso ante la inminente desaparición de instituciones que han hecho funcionar al país, instituciones que fueron creadas por el PRI, el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Ese solo punto sirvió como preludio para hablar con mayor franqueza sobre una realidad que tampoco puede negarse: al ir en alianza, los espacios deben repartirse, habrá que ceder y apoyar a quien represente cada candidatura del proyecto por un bienestar mayor. Y ahí es donde el priísmo pondrá a prueba su unidad y disciplina para ir de la mano con otros partidos, esos que también formaron parte de la audiencia de este miércoles.

Más allá de que a ratos el evento parecía un show de Laura en América, aderezado por Benjamín Medrano (no le pierda de vista porque será pieza clave en esta fórmula) y su habilidad para coordinar actos públicos, en el fondo se vio a una Claudia Anaya esmerándose en “limpiar” los prejuicios en torno a su figura y mostrar una cara más amable, cálida, divertida a ratos, que podía “conectar” con sus audiencias.

Pero la verdad es que abusar de esta estrategia puede llevar a una falsa idealización que distraiga la atención de su habilidad discursiva, con argumentos, que es lo que la ha caracterizado y que representará una de sus mayores fortalezas en el proceso electoral.

Lo relevante es que está poniendo el ejemplo de otra forma de hacer política desde la virtualidad, una modalidad a la que ha obligado la pandemia por el COVID-19, sin tener que recurrir a falsos montajes de programas uno a uno, con guiones ensayados, muy a modo y grabados. Hacerlo en vivo y en directo, exponiéndose a algún yerro ante las audiencias, habla de la capacidad que distinguirá a Claudia Anaya en los próximos meses.

El peligro que corre es rodearse de un equipo que en lugar de sumar, le reste al proyecto, como ya ocurre en el frente con David Monreal, un aspirante hoy nombrado coordinador de los comités de defensa de la Cuarta Transformación, sin que a la fecha haya mostrado un solo indicio de esa defensa. Los aplausos suenan muy bonito, pero las manos, entre más aplauden, menos trabajan.

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