¿Y la protección de datos personales?

Sendo escándalo causaron las nuevas políticas de WhatsApp que en adelante compartirá información con sus filiales Facebook e Instagram, esas redes sociales donde uno comparte diversos aspectos de su vida privada, sin tener en cuenta que la riqueza de estos corporativos está en los datos que uno les entrega como usuarios.

Y aunque muchos decidieron empezar a migrar al servicio de mensajería Telegram, cada aplicación tiene letras chiquitas en los términos y condiciones de sus servicios, lo que convierte a esta situación en un círculo vicioso del cual será imposible de escapar al menos mientras la pandemia obligue a depender de la tecnología para seguir interactuando y desempeñando nuestras actividades (sociales, laborales, etc.).

Si con las empresas de telefonía no hay garantía de que nuestros datos personales están protegidos (recuérdese los directorios telefónicos o el asedio de llamadas para encuestas, oferta de servicios financieros y hasta la comisión de diversos delitos), mucho menos con aplicaciones cuya riqueza está en el intercambio de estos datos para la explotación comercial.

A ello hay que sumarle que normalmente en periodo electoral no son pocos los casos de intervención de las líneas telefónicas y todo esto será una bonita bomba que explotará en manos de los electores (y la ciudadanía que utiliza los servicios de estas aplicaciones). ¿De verdad sabemos en manos de quién están nuestros datos personales?

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