Luna Nueva: ¡Feliz cumpleaños, Zacatecas de mi corazón!

Hoy la bella Zacatecas cumple 475 años. Es un buen pretexto para expresar lo mucho que me gusta y amo a mi ciudad y a mi estado.

Muchos me han dicho que soy una romántica empedernida cuando hablo de mi ciudad, que los ojos se me iluminan y que parece que me pagan por hablar bien de ella.

Contrario a lo que muchos dicen de Zacatecas, a como lo ven en otras latitudes del planeta por medio de redes sociales, que pintan al estado en un baño de sangre, la verdad es que en Zacatecas se vive bien.

No pretendo tapar el sol con un dedo, lamentablemente hay puntos donde impera la delincuencia y hace de las suyas, como en Ermita de los Correa, Jerez, donde sus habitantes fueron desplazados por la inseguridad extrema. Mi solidaridad con ellos.

O el tristemente Fresnillo, que es calificada la ciudad más insegura de México.

Pero Zacatecas no es solo eso. Es tradición, fe, alegría, cultura, gastronomía, familia…

Luis, un primo hermano que junto con su familia fue desplazado por la inseguridad y radica actualmente en algún sitio de Estados Unidos, esperó casi cinco años para regresar a Zacatecas. Vino con mucho temor porque además del trauma emocional que carga a cuestas, por lo que ve en redes sociales esperaba ver un pistolero en cada esquina de la ciudad capital, a la gente encerrada a piedra y lodo en sus casas y la ciudad prácticamente “sitiada”.

En sus planes originales no estaba ni de chiste visitar al Santo Niño de Atocha o ir a Jerez a comprar para su esposa el par de arracadas que le prometió desde que se casaron…

“Es innegable que hay gente mala aquí –me dijo–, pero no como me lo esperaba”.

Estuvo una semana completa haciendo trámites rezagados de él y de sus padres, visitó algunos familiares y amigos y no tuvo contratiempos.

Se fue con el propósito de volver con su esposa e hijos para que conocieran donde creció y fue feliz.

Eso es Zacatecas, un lugar para ser feliz. Nada se compara a caminar al atardecer por la avenida Hidalgo, ver el crestón del Cerro de La Bufa iluminado de colores (bueno, esperemos que vuelva a iluminarse), pasar una tarde en el jardín principal de Jerez acompañado por las estruendosas tamboras y tubas y saborear una deliciosa tostada…

Hacer una escala en Malpaso para degustar una deliciosa torta, o recorrer las hermosas calles de Sombrerete, visitar sus templos o la abandonada mina de San Pantaleón o Sierra de Órganos o en Villanueva respirar el aire de la vida campirana, donde todavía, entre los autos, van y vienen jinetes a caballo.

En Tlaltenango es maravilloso pasar una tarde en el jardín principal, con el estupendo clima que se disfruta ahí o al norte Río Grande, que aunque en broma se dice que es “la ciudad de las tres mentiras”, porque no es ciudad ni tiene río ni es grande, caminar por sus calles lo remonta a uno a la vida del campesino, franca, alegre, feliz, negociando sus cosechas, no por nada se le conoce como el granero de México.

Y ni qué decir de esos paisajes de cielo azul intenso y de tierra colorada donde crece en cantidades industriales gobernadora, tan buena, en pocas cantidades para males del riñón… o más al sur hacer un columpio a las ramas de un mezquite o comer elotes a la orilla de algún río…

Y así podría seguir describiendo muchos otros municipios, como Concepción del Oro y su estupenda plaza principal de cantera rosa o Mazapil que de sus exuberantes entrañas sale una riqueza insospechada, igual que de Vetagrande o Pánuco, viejos pueblos mineros.

Hablar de Zacatecas es hablar de poesía, de escultura, pintura, de grandes estadistas o filántropos como Ramón López Velarde, Francisco Goitia, Rafael y Pedro Coronel, Ismael Guardado, Juan Manuel de la Rosa, Beatriz González Ortega o Tata Pachito, el padre del federalismo.

También de Zacatecas fue el primer periodista de América Latina: Juan Ignacio Castorena Ursúa y Goyeneche…

Y ni qué decir de la aguamiel, de las tunas de Trancoso, del mezcal de Pinos, del pinole o las enchiladas zacatecanas, el asado de boda… Zacatecas es mucho y tiene un cielo azul intenso bajo el que somos felices, aunque muchas veces no nos demos cuenta.

¡Feliz cumpleaños, Zacatecas de mi corazón!

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