El bienestar no ha llegado al turismo y la cultura

Pues no: el gobernador David Monreal tampoco tuvo la decencia de presentar el programa del Festival Cultural Zacatecas 2025, al que ahora han puesto el mote de «Festival Cultural del Bienestar«.

Será porque en gustos siempre se rompen géneros y, aunque la cartelera principal en Plaza de Armas abarca múltiples géneros (incluyendo talentos locales), nunca faltan las críticas y la añoranza de aquellos festivales donde de verdad se le invertía como estrategia de atracción turística.

O quizás se debió a la polémica por el tradicional concierto de la Banda Sinfónica del Estado de Zacatecas en el Jueves Santo, luego del corte de cabezas y la incertidumbre laboral entre quienes hoy integran la Banda.

O posiblemente se debiera a que en el programa anunciado se integró la participación de la banda Los Románticos de Zacatecas, del que era miembro el abogado Raúl Calderón Samaniego, asesinado presuntamente por un exalcalde hoy prófugo de la justicia, lo que tal vez derive en manifestaciones exigiendo justicia durante el Festival Cultural «del Bienestar».

Lo anterior es probable que derive en «instrucciones» a la burocracia para asistir sí o sí a todos los eventos programados, con filtros donde sea posible, a fin de evitar este tipo de manifestaciones en las que tampoco se descartan las muestras de rechazo al Viaducto elevado, ese que hoy dicen que representa una pérdida de hasta 4 millones de pesos al día por las obras detenidas.

Tampoco es que el secretario de Obras Públicas, Luis de la Peña, o el propio gobernador David Monreal tengan mucha razón al acusar corrupción en el Poder Judicial y señalar a la jueza que dictó suspensión provisional de las obras como el principal obstáculo del desarrollo y modernización de Zacatecas.

Primero, porque si hubieran hecho las cosas bien, conforme a la ley, cumpliendo con todos los requisitos y tramitando todos los permisos, incluyendo los principios de transparencia, máxima publicidad y socialización del proyecto que nadie pidió y en el que se invertirán 3 mil 650 millones de pesos… de inicio, tal vez ni siquiera se hubiera autorizado la obra que hoy apenas cuenta con 6% de respaldo social.

Segundo, porque al tratarse de recursos públicos, quien pierde no es la «nueva gobernanza», sino la propia ciudadanía que paga sus impuestos y que en ningún momento fue consultada si estaba de acuerdo o no con el millonario proyecto que nadie pidió.

Y tercero, porque en el «Año del Bienestar», que ha obligado a ponerle «bienestar» al nombre de todo proyecto, programa y obra proyectados para este ejercicio fiscal, no parece haber mayor planeación que lo ya hecho en otros años, con la diferencia de que se fortalecen los programas de transferencias de recursos.

Sin embargo, en esta agenda parece no incluirse a la cultura como pieza clave del bienestar, mucho menos cuando en el «Año de la Paz», en el «Festival Cultural por la Paz», no faltaron las expresiones condenando la brutalidad policiaca del 8M.

Ahora bien, hablando de recursos públicos y presupuestos, es notorio que las asignaciones al Instituto Zacatecano de Cultura (IZC) han ido en aumento con la «nueva gobernanza», no así el presupuesto asignado a la Secretaría de Turismo (SECTURZ), que no ha recuperado los niveles que se le asignaban antes de la pandemia por el COVID-19.

Considerando estos números, uno se preguntaría por qué si el turismo es uno de los cuatro «ejes tractores» (cualquier cosa que eso signifique) para detonar la economía de Zacatecas, no se le ha invertido lo suficiente para reactivar la llamada «industria sin chimeneas», esa que sobrevive a pesar de la «nueva gobernanza», más ante la crisis de inseguridad que se insiste en negar, pero cuyo ejemplo más elocuente fue la agresión armada del pasado fin de semana (en puente) en pleno Centro Histórico de Zacatecas.

Qué difícil debe ser para Le Roy Barragán desempeñar su trabajo al frente de la SECTURZ para promover un «Zacatecas Deslumbrante» sin los recursos, sin el respaldo institucional, sin el apoyo del gobernador David Monreal, y con tantos factores en contra como la inseguridad o la falta de productos que realmente representen un atractivo turístico.

Que sólo el 15% de los zacatecanos se sientan seguros al viajar por carretera, según la última Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) que elabora el INEGI, explica por qué no hay una promoción tan activa como en otros años para el avistamiento del equinoccio de primavera en Altavista o en La Quemada (recientemente abierta al público, luego de los errores de la «nueva gobernanza»).

Y por mucho que se esfuerce María de Jesús Muñoz como titular del IZC para ofrecer un Festival Cultural como producto atractivo, sí, para la atracción de visitantes, pero también para educar audiencias, uno no se explica por qué la cartelera sigue siendo limitada, menos espectacular que en otros años, considerando que hoy cuenta con mayor presupuesto que en el «quinquenio diferente» y mucho más que durante la pandemia por el COVID-19. ¿Le condicionan el ejercicio de recursos?, ¿o acaso tenemos ahí una fuga presupuestal?

Lo importante es que, si tomamos en cuenta lo dicho por el secretario de Obras Públicas, durante el periodo que han estado detenidas las obras del Viaducto elevado que nadie pidió se estimaría una pérdida de casi 200 millones de pesos de recursos públicos, equivalentes a más del presupuesto anual que se le asigna al IZC y casi tres veces más que el presupuesto anual de la SECTURZ.

En el «Año del Bienestar», ¿las y los zacatecanos preferirían una megaobra que nadie pidió o más bien productos culturales de calidad que, al mismo tiempo, contribuyan a detonar las actividades comerciales y de servicios, que a su vez fomenten la generación de empleos?