
La marcha del pasado 8 de marzo con motivo del Día Internacional de la Mujer, en palabras de la «nueva gobernanza», transcurrió con saldo blanco. Así debió ser siempre: sin la brutalidad del 8M de 2024 y sin la intervención policial.
El guión de la disculpa pública leído por Arturo Medina Mayoral, secretario de Seguridad Pública, llegó tarde, muy tarde, un año tarde y sólo siguiendo la recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), no por convicción propia de la «nueva gobernanza» que durante un año ha eludido la sanción a la cadena de mando y la reparación del daño a las víctimas.
Afortunadamente, ni la tensión de días previos por la poca claridad en torno al protocolo para la atención de manifestaciones, ni los intentos de inflitrar los contingentes con brigadas naranjas (o como le hayan llamado), ni la disculpa pública que más parecía una provocación, inhibieron la protesta que aglutinó a miles de mujeres exigiendo garantías para una vida libre de violencia.
Sobran los ejemplos estadísticos sobre las vulnerabilidades y violencias que enfrentan las mujeres, aunque en los últimos años la alerta se ha concentrado en los casos de feminicidios, en la desaparición forzada, en la violencia intrafamiliar (y en el noviazgo) y hasta en deudores alimentarios.
El avance en materia legislativa ha permitido visibilizar otro tipo de violencias hacia las mujeres, como los casos de violencia política en razón de género, la violencia vicaria, los embarazos no deseados, la complicada brecha que aún persiste en la desigualdad salarial frente a los hombres y, ahora, hasta la violencia digital con el uso de la inteligencia artificial.
Por encima de todo, la «nueva gobernanza» tiene una gran deuda con las mujeres, la gran tarea de combatir (y abatir) la violencia institucional, esa que debería garantizar a las mujeres una vida libre de violencia y, en los hechos, más se ha concentrado en agudizar y perpetuar sus vulnerabilidades, en un círculo de revictimización incompatible con el discurso de la primera presidenta del país, Claudia Sheinbaum: «llegamos todas«.
Para ser tiempo de las mujeres, la «nueva gobernanza» se quedado corta. Y para ser «Año del Bienestar», ha quedado en deuda con el 51% de la población zacatecana. Pero ¿qué otra cosa se podía esperar si, desde antes de ser gobierno, ya violentaban a las mujeres con la mano?
Un descuido con consecuencias
Desde que Claudia Sheinbaum asumió el cargo de Presidenta de la República ha enfrentado resistencias al interior de su gabinete que también se han extendido al Congreso de la Unión. Por una parte, quienes están con la hoy titular del Ejecutivo federal; por otra, los aún llamados obradoristas y que van más allá de la figura del expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Sin embargo, entre ambos grupos aún hay sectas que antes que todo ven por sus ambiciones personales, y qué ejemplo más elocuente que la reserva a la iniciativa para prohibir el nepotismo electoral y así llevarle la contra a la Presidenta, postergando los efectos de la reforma hasta 2030.
La ventaja y fuerza que mostraron los opositores a Claudia Sheinbaum en los hechos en días pasados, no obstante, se vino abajo este fin de semana durante el Arancel Fest (o algo así), un mitin en el Zócalo de la CDMX al que convocó la Presidenta por la unidad y la soberanía nacional frente a los embates de la administración del presidente Donald Trump.
Por descuido, desaire o por andar papaloteando (Noroña dixit), Manuel Velasco, Adán Augusto López, Ricardo Monreal y hasta la dirigente nacional de MORENA, Luisa Alcalde, se quedaron con las ganas de la foto política con la Presidenta por andarle haciendo el caldo gordo al heredero del obradorismo: Andrés Manuel López Beltrán. Andy, para los cuates.
Las disculpas ya estaban de más. El daño ya estaba hecho. Pero las consecuencias vendrán más tarde, consecuencias a las que se sumará el saldo de llevarle la contra a la Presidenta con la iniciativa para prohibir el nepotismo desde 2027.
Si alguno de los que ofreció disculpas a Claudia Sheinbaum tenía la esperanza (y hasta la confianza) en poder imponer a sus candidatos en las próximas elecciones donde se renovarán gubernaturas (y que implicarían casos de nepotismo electoral), este agravio a la máxima autoridad en el país, primera mujer en ocupar el cargo de Presidenta y un día después del 8M, seguro cayó como balde de agua fría.
Porque entregaron en bandeja de plata la posibilidad de que, ahora sí, la Presidenta tenga la última palabra en las postulaciones de una eventual coalición entre MORENA, el PT y el PVEM. ¿Estará en riesgo la aspiración de Rodrigo Reyes Mugüerza, hoy promovido como el sucesor de David Monreal en la gubernatura de Zacatecas?
