Más pinchurrienta que nunca

No importa cuántos cursos de sensibilización reciban, o las capacitaciones en respeto a los derechos humanos, o las notificaciones de recomendaciones de los órganos garantes federales y estatales. Tampoco importa la homologación salarial y que se hayan incrementado sus ingresos promedio, o la entrega de armamento y equipamiento, mucho menos un C5 que lleva como tres inauguraciones de la primera etapa, y todavía menos las certificaciones de control y confianza.

Hoy la Policía Estatal y particularmente la llamada Fuerza de Reacción Inmediata Zacatecas (FRIZ) convertido en cartel del estado pagado con recursos públicos, bajo el mando de Arturo Medina Mayoral como secretario de Seguridad Pública, parecen sinónimo de represión y abusos de la autoridad.

No es como que el gobernador David Monreal pretenda ganar popularidad (de la buena) y aceptación a punta de tolete. Más bien en eso que llaman Mesa Estatal de Construcción de Paz se otorgaron muchas licencias a las fuerzas de seguridad con tal de incidir en el cacareado discurso de la reducción de homicidios dolosos.

Y sí: la estadística sugiere una disminución de entre 70% y 80% según el periodo con el que se haga el comparativo, aunque esta baja no se haya reflejado en una mejora de indicadores en el número de personas desaparecidas y no localizadas, cuyos colectivos de búsqueda hoy sufren la violencia institucional de un gobierno por demás insensible con las familias.

Bastaron unas «bolsas de basura» que al cabo de las horas «se convirtieron» en cuerpos tirados en la carretera en los límites con Jalisco para tener el ejemplo más elocuente de un gobierno de pantalla, de artificio, de «burbuja de paz, bienestar y progreso». Porque entre esos cuerpos había una persona que contaba con ficha de búsqueda.

No se olvida el sentido reclamo de Virginia de la Cruz ante la apatía institucional para emprender la búsqueda de su hijo, ni mucho menos la desesperación de la hoy difunta Sofía Raygoza para encontrar a su hija Frida Sofía, por mencionar sólo dos casos de los miles que ya acumula la «nueva gobernanza» de personas que aún permanecen desaparecidas en Zacatecas.

Mucho menos se puede olvidar la brutalidad de las fuerzas policiacas en la marcha del 8M de 2024, cuyos actos siguen sin tener consecuencias (ni se han acatado al 100% las recomendaciones de la CNDH), o la represión de la que fue objeto el joven Eduardo Goitia, integrante de uno de los colectivos que promovía el primer ejercicio ciudadano de revocación de mandato en Zacatecas, o más recientemente contra «Martín Pueblo» durante la conmemoración por el 215 aniversario del inicio de la Independencia.

A la larga lista de abusos cometidos por las fuerzas policiacas estatales (bajo el mando de Medina Mayoral), que incluyen incluso la detención arbitraria de jóvenes en municipios (y cuya denuncia hasta derivó en amenzas contra la periodista Norma Galarza), hoy se suma la agresión de la que fueron víctimas empresarios que arriesgaron su capital poniendo un negocio de bebidas en la Feria Nacional de Zacatecas (FENAZA), cuya edición 2025 ha sido la más desastrosa que se haya visto en la entidad.

No sólo hubo quejas desde el inicio por los altísimos costos de las bebidas alcohólicas que deberían ser adquiridas sí o sí con un sólo proveedor (y cuyo costo final al consumidor hacía creer que Zacatecas era la Dubai Latinoamericana), o las irregularidades en la renta de locales (que dejó varios, por no decir muchos, espacios vacíos).

Lo de privilegiar los pagos en efectivo (más baratos que los pagos con tarjeta, sugiriendo posible desvío de recursos y hasta lavado de dinero) es lo de menos, con una cartelera medio pinchurrienta que atrajo audiencias, sí, pero que consumían muy poco ante los precios carísimos de los productos.

Tampoco es que valiera la pena pasar por agresivos filtros de seguridad (restándole eso de «familiar» a la FENAZA), para encontrar una vil fayuca que en otros años atraía puestos de otros estados (y países) representativos, como la gastronomía y artesanías de Oaxaca, Chiapas o Michoacán. Vaya, si ni siquiera fueron para darle un espacio decente a la Subsecretaría de Desarrollo Artesanal y apoyar a maestros artesanos de Zacatecas…

Ya eso de los montones de basura por doquier es lo de menos. Ni siquiera despertó interés el cartel de la fiesta brava. Al final, esta edición de la FENAZA estuvo a la altura de la «nueva gobernanza»: apestando a corrupción, con ejemplos de abuso de autoridad y más pinchurrienta que nunca. Al menos no tuvieron la osadía de retirar las fichas de búsqueda que habían colocado en el perímetro ferial los colectivos de familiares de personas desaparecidas. Ya sería el colmo.

Saúl, el «casi casi»

A la par del diputado federal José Narro Céspedes, el senador Saúl Monreal rindió su primer informe de actividades legislativas que se reume en la presentación de 34 iniciativas de ley, 10 puntos de acuerdo, además de participar en la discusión y aprobación de más de 20 reformas constitucionales y 13 nuevas leyes.

Ciertamente, al tener 500 diputados y diputadas federales, es difícil que algún zacatecano tenga oportunidad de subir a la tribuna para hacerse de reflectores y decir con los pelos de la burra en la mano que sí está desquitando su dieta (que no es poca cosa). Un poco más de oportunidades tienen quienes ocupan algún escaño en el Senado, ahí donde han dado el debate al menos dos zacatecanos: Saúl Monreal y Claudia Anaya.

Y párele de contar, porque el resto se limita a asistir y votar, sin intervenir, debatir ni proponer, lo que suena más a una carísima beca para quienes dicen que aspiran a la gubernatura, aunque nadie les conozca.

En cambio, Saúl no sólo es conocido por llevar el apellido Monreal, sino también porque dentro de su familia es el más terco en construir su propio camino, que ha sido más un calvario porque carga con los yerros del resto de la familia.

Creer en encuestas a estas alturas, le den o no las preferencias, es pecar de ingenuidad conociendo los métodos de MORENA (y el ejemplo más elocuente ha sido David Monreal). No obstante, el Cachorro ha picado piedra ocupando diversos cargos públicos, cuenta con respaldo social y pólítico, ha construido una estructura de simpatizantes en todo el estado, y por encima de todo: no le tiene miedo a sectas y mustias.

Su aspiración a la candidatura a la gubernatura puede ser legítima, hasta se la ha ganado a pulso (más que su hermano que ya va de salida del cargo). Sin embargo, hoy pesa sobre él la reforma antinepotismo que limitaría su postulación en una eventual coalición MORENA-PT-PVEM. Y los intereses por romperla están cobrando mayor peso, pero no para bien.

De los Monreal, Saúl quizás es el menor peor. Canta espantoso, pero tiene un carisma y habla con tal honestidad que convence. Apenas estamos en 2025, así que ya se verá cómo se acomoda el 2026 y el arranque formal del proceso electoral con el que se renovará la gubernatura. Tal vez haya condiciones para su postulación a la candidatura. O tal vez no.