El juego de las fracturas

La aprobación de la reciente reforma electoral, ciertamente, no es el inicio de esta tragicomedia política y dista mucho del capítulo final, no sólo por el amago del Revolucionario Institucional y del Partido Verde para impugnar la reforma, sino por las implicaciones que tiene en el proceso interno de MORENA para la designación de sus coordinaciones estatales de sabe qué tanto (ya sabe: el eufemismo de nombre larguísimo de las prepreprepreprecandidaturas a las gubernaturas).

Si bien la consecuencia inmediata (y quizá más visible) haya sido la «expulsión» del partido de los representantes del PVEM en la 65 Legislatura que avalaron dicha reforma electoral (las diputadas Lyndiana Bugarín y Georgia Fernanda Miranda, así como el diputado José Luis González), lo que también condujo a la disolución de la bancada legislativa, las fracturas van más allá.

El hecho de que este martes 18 de agosto, tanto la dirigente nacional de MORENA, Ariadna Montiel, como el presidente de la Junta de Coordinación Política (JUCOPO) en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, respaldaran la reforma electoral del «domingazo» en Zacatecas también dice mucho, considerando que la iniciativa de promover dicha reforma en los términos en que fue aprobada (particularmente con la reserva del diputado Santos Antonio González) provenía directamente del Ejecutivo estatal, con el respaldo de una secta que tanto daño ha hecho al estado (¿o era al revés?).

La decisión no sólo va en contra de la «instrucción» que diera la presidenta Claudia Sheinbaum para «ya no moverle a reformas electorales en los estados«, luego de que el llamado Plan A no prosperara en el Congreso de la Unión.

En el fondo, más parece encaminada a dinamitar la coalición MORENA-PT-PVEM en Zacatecas en aras de favorecer las aspiraciones de un solo perfil. Porque hemos de ver un panorama electoral desde diversos ángulos, uno de los cuales implica que el principal error de Sheinbaum Pardo fue enviar a Montiel Reyes a la dirigencia nacional de MORENA en la antesala de su proceso interno y del eventual proceso electoral por el que se renovarán 17 gubernaturas.

Porque la exsecretaria del Bienestar no sólo es obradorista (y no claudista), sino que desde el primer día ha dado cabida a los intereses de las y los actuales gobernantes de las entidades que renovarán el cargo en 2027, por encima de los que pudieran reflejar las llevadas y traídas encuestas. Y en Zacatecas, ya se sabe quién ha mantenido una estrecha relación con quien hoy dirige los destinos del partido.

La pasada reunión que sostuviera el CEN con las y los aspirantes a la coordinación estatal de sabe qué tanto, el pasado 1 de agosto, pretendía quizás enviar señales de unidad. Lo que no se dijo sobre esa foto en la que la mayoría posa sonriente es que hubo agarrones de greñas (las y los que todavía tienen greñas) y se dijeron hasta lo que no.

Porque, hasta donde se sabe, en dicha reunión la senadora con licencia Verónica Díaz Robles habría amenazado al diputado federal Carlos Puente de una forma que explicaría por qué la reacción del Partido Verde el pasado lunes 17 de agosto.

A su vez, la diputada federal con licencia Julia Olguín le habría puesto un «estate quieta» a la exdelegada de Programas para el Desarrollo al acusar (y enlistar) la larga cola que tiene para ser pisada, una amago que no dudaría en denunciar públicamente.

Días después se acrecentó la fractura con el Partido del Trabajo luego del incidente con el equipo de la senadora Geovanna Bañuelos, en una guerra de declaraciones que sólo condujo a agudizar la división de la coalición (en lo nacional y en lo local, como ya se ha visto en las votaciones del Pleno de la 65 Legislatura).

A este escenario se suma un «primer filtro» para las y los aspirantes a la coordinación estatal de sabe qué tanto, dizque con una «primera encuesta» con la que se justificaría la «eliminación» de al menos dos perfiles.

Hasta este punto las y los semifinalistas serían: Verónica Díaz, Ulises Mejía, Geovanna Bañuelos, Carlos Puente, Julia Olguín y José Narro.

El juego de una secta que tanto daño ha hecho a Zacatecas (partiendo de esta hipótesis) consistiría en dinamitar la coalición MORENA-PT-PVEM para así descartar a otros dos perfiles: Geovanna Bañuelos y Carlos Puente. Sobre la primera, todo indica que el pleito aún no termina; sobre el segundo, la reciente reforma electoral sería apenas el inicio de la fractura.

Más allá de la asamblea informativa «de la unidad» realizada hace unas dos semanas, en la que habría participado la mayoría de las y los aspirantes, la estrategia de la secta no ha tenido grandes modificaciones en territorio, particularmente a través del presidente del Consejo Político Estatal, Rubén Flores Márquez, quien ha arropado al diputado federal con licencia José Narro, ya alineado a lo que pongan y dispongan.

Y como Julia Olguín ya les ha declarado la guerra, y eventualmente es probable que sea descartada en las dichosas encuestas, el último «enemigo» a vencer sería el diputado federal con licencia Ulises Mejía Haro, un perfil al que buscarían vetar y, considerando la decisión de Ariadna Montiel para respaldar la reforma electoral que agudizó la relación con el Partido Verde (y sabiendo de dónde provino la iniciativa), es probable que le den cabida a ese veto.

Haga usted cuentas sobre qué perfil saldría avante en este juego de fracturas y divisiones, en el que tampoco es gratutia la reforma electoral recientemente aprobada: es la garantía para la secta que tanto daño ha hecho a Zacatecas para asegurarse espacios ante el desprestigio y rechazo ciudadano que ha construido en los últimos años. Pero, pues, cada quién…

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