Oportunistas y farsantes

En los albores del proceso electoral 2015-2016, el PRI tenía cuatro cartas para postular candidato a la gubernatura: Alejandro Tello, Roberto Luévano, Fito Bonilla y Carlos Peña.

Vía telefónica, se determinó que el primero sería el ungido, con la venia (¿o instrucción?) del entonces gobernador Miguel Alonso Reyes, quien ya antes había recibido el respaldo del hoy gobernador David Monreal., lo que explicaría en aquellos tiempos la inclusión de perfiles davidistas en el gabinete alonsista.

Tras esta designación de candidato a la gubernatura, Fito Bonilla asumió la posición de dirigente estatal del tricolor. Los demás aspirantes apechugaron y se mantuvieron en las filas del partido. Lo que llamaban «disciplina del PRI».

Finalmente, Tello Cristerna ganó la gubernatura en el entonces «estado más priísta del país». Transcurrió su quinquenio sin pena ni gloria, con el impacto de una pandemia que en cierta medida contribuyó a justificar las fallas de una administración que ya venía en declive.

La alternancia en el gobierno federal, cuando Andrés Manuel López Obrador fue electo presidente de México, tampoco abonó a mejorar la situación del PRI en Zacatecas. De hecho, fueron tiempos en los que el exalcalde de Guadalupe, Enrique Flores Mendoza, como dirigente estatal del tricolor, se enfrentó principalmente al desfonde del partido con la fuga de cuadros, pero también a raquíticas finanzas que no alcanzaban para cobijar con presupuesto a los comités municipales.

Y ante la sospecha de que Alejandro Tello entregó el estado a David Monreal en la elección del 2021, quién sabe si siguiendo indicaciones del cuasi eterno dirigente nacional del PRI, Alito Moreno, las fracturas en el tricolor se hicieron cada vez más evidentes.

El ejemplo más claro se puede observar en el desempeño de los diputados priístas en la 64 Legislatura. Cuando el oficialismo se refería a los gobiernos de las «herencias malditas», estaban muy prestos a defender el «quinquenio diferente», no así al sexenio de Miguel Alonso.

Luego vino la renovación de la dirigencia estatal del tricolor, donde la pelea se cerró a dos perfiles: Carlos Peña, arropado por el alonsismo y las cúpulas del partido, y Roberto Luévano, quien tuvo el respaldo de las organizaciones y sectores del tricolor. El resultado ya es bien conocido, con todo y sus fracturas.

Con la llegada de Carlos Peña a la dirigencia estatal del PRI, queda más que claro que los dueños del tricolor ganan más, perdiendo, para ir en sintonía con su dirigente nacional Alito Moreno, que gozará de otra posición plurinominal luego de haber destruido al partido desde dentro. ¿Complicidades con la 4T?

Hoy, concluidos los cómputos del proceso electoral 2023-2024, Carlos Peña será diputado local por la vía plurinominal, mientras Enrique Flores tendrá su regiduría en Guadalupe por la misma vía, junto a la exsecretaria general del partido, Araceli Guerrero. Lo dijimos aquí: la postulación de candidaturas en este proceso electoral parecía más una operación tipo «sálvese quien pueda». Y se salvaron los que pudieron…

Con estos antecedentes, el difícil creer en las palabras del todavía dirigente estatal del tricolor, cuando asegura que «el PRI está firme y sólido e irá por el 2027«. Porque quizá no se ha dado cuenta de que en los últimos tres años perdió al menos seis municipios, incluyendo a Pinos «el bastión priísta».

Muy orondo, Peña Badillo también enfatizó que Zacatecas fue la quinta entidad con mayor votación del PRI para la candidata presidencial Xóchitl Gálvez, con 118 mil 217 votos tan sólo del tricolor y unos 230 mil 993 votos ya en coalición.

Qué raro que la candidata al Senado, Claudia Anaya, tuvo mayor votación de la candidata presidencial en Zacatecas, al obtener 145 mil 241 votos del PRI y 272 mil 354 votos de la coalición con el PAN y el PRD. Y eso que Anaya Mota no tuvo el respaldo de las cúpulas priístas, ni pertenece al grupo que hoy tiene coptado al partido, llámese Miguel Alonso, Carlos Peña o Alito Moreno. Y la misma suerte corrió Roberto Luévano como candidato a la presidencia de Guadalupe.

En eso de que «el PRI está firme y sólido«, las críticas no se hicieron esperar, y fue el propio exgobernador Alejandro Tello quien a través de sus redes sociales acusó que lo «reprochable e injusto para la militancia, es engañarlos con aquellos que siempre perdiendo, ganan». Y remató advirtiendo simulación, sin mayores consecuencias, «y ahí seguirán cínicamente. Todo sea por una chambita«.

Quién sabe si le sangraría la lengua a Peña Badillo cuando rechazó las críticas de los oportunistas, a quienes calificó como «esos que no participan en nada pero quieren que el partido les dé todo y mientras tienen candidaturas se asumen como priístas y cuando terminan los procesos salen como inquisidores«.

Y amagó con que en el PRI «no se van a atender caprichos ni necedades de nadie, porque es muy cómodo opinar desde el confort del exilio y desde la incontinencia electoral«. Sin embargo, la necedad de los farsantes que hoy tienen coptado al partido les llevó a perder 25 mil 394 votos para diputaciones locales y 20 mil 520 votos para ayuntamientos en los últimos tres años. Pian pianito, el PRI va en retroceso. Pero, pues, cada quién

¿Dónde quedó la inversión?

Bien raro que en las Notas a los Estados Financieros, correspondientes a los informes financieros de la Secretaría de Finanzas del primer trimestre del 2024, el proyecto del viaducto elevado ya haya devengado más del 50% de su presupuesto y a la fecha, no se ve en qué se ha aplicado el recurso.

Como se recordará, en la aprobación del Presupuesto de Egresos 2024 se incluía el financiamiento a varios compromisos plurianuales, entre ellos el proyecto del Viaducto Elevado, al que en este ejercicio fiscal se destinarían 1 mil 5 millones 416 mil 906 pesos para el Fideicomiso Irrevocable de Administración, Inversión y Fuente de Pago para la Ejecución del Proyecto «Viaducto Elevado Boulevard Adolfo López Mateos y Calzada Héroes de Chapultepec.

Sin embargo, con corte al 31 de marzo, resulta que en los primeros tres meses del año los recursos de este fondo se redujeron a sólo 477 milllones 91 mil 370 pesos, lo que significa que en ese trimestre se habrían devengado 528 millones 325 mil 536 pesos.

¿Dónde quedó la inversión? ¿O la «nueva gobernanza» nos vendrá con la cantaleta de que el proyecto ejecutivo y las mediciones topográficas e ingeniería de suelos resultan muy caros? Porque no quisiéramos pensar que ese recurso, que no se ve de manera tangible en obras, fue desviado con fines electorales en el proceso que recién concluye.

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