
La incertidumbre y el desconcierto se apoderó del Comité Ejecutivo Nacional de MORENA una vez que se hizo oficial la salida de Luisa María Alcalde Luján de la dirigencia nacional para aceptar la «oferta» de la presidenta Claudia Sheinbaum de asumir la Consejería Jurídica.
Porque semanas antes de del VIII Congreso Nacional de MORENA celebrado el pasado 3 de mayo ya se sabía que la entonces secretaria del Bienestar, Ariadna Montiel, aglutinaba el respaldo de los principales grupos inconformes con la gestión de la exsecretaria de Gobernación, principalmente por no ceder a las presiones de las y los gobernadores que hasta la fecha siguen buscando la manera de imponer a sus sucesores de cara al proceso electoral 2026-2027.
Al interior del CEN, las interpretaciones sobre el cambio de mando en la dirigencia nacional coincidían en un punto: las presiones habían ganado, pero no para bien. Y la sospecha dio visos de confirmación cuando hubo que fingir sorpresa cuando Ariadna Montiel fue ungida por unanimidad como nueva dirigente nacional.
Este relevo y el Congreso Nacional guinda se dieron luego de la licencia del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, ante las acusaciones de Estados Unidos sobre presuntos vínculos con el crimen organizado; tras la muerte de agentes de la CIA en el estado de Chihuahua (y mucho tiene que aclarar la gobernadora Maru Campos) que tensaron la relación entre México y el vecino país; y en la antesala del proceso electoral por el que se renovarán 17 gubernaturas.
La transición en la dirigencia nacional de MORENA no estuvo exenta de fricciones. Porque fuera de los reflectores, no fueron pocos los testigos del carácter de Ariadna Montiel colérica por haber sido relegada de la organización de su ungimiento como nueva dirigente. Nada más que, para ser claros, y para seguir fingiendo sorpresa, esta organización debía recaer únicamente en la dirigencia en funciones porque el Congreso Nacional por el que se realizaría la elección apenas se iba a realizar. Una muestra de lo que vendrá para MORENA en las próximas semanas.
Lo cierto es que, ante las escasas intervenciones durante el Congreso Nacional de este domingo 3 de mayo, se advierte que esta «nueva» etapa del partido volverá al obradorismo, lo que implica el empoderamiento del secretario de Organización, Andy López Beltrán.

De hecho, hubo guiños de cercanía con Ariadna Montiel, como la disposición del presídium (particularmente la fotografía del arribo de la nueva dirigente nacional una vez electa), pero sobre todo el discurso de está con especial énfasis en las tareas de organización e instalación de comités en cada sección electoral y el importante incremento en el padrón de afiliados (hasta superar, dicen, los 13 millones).
Los discursos, en gran parte, estuvieron concentrados en una apología del expresidente Andrés Manuel López Obrador, con escasas menciones hacia la presidenta Claudia Sheinbaum, y sólo cuando las y los oradores se veían obligados a mencionarla.
La semiótica de la comunicación, además, muestra un intento de proyectar los ataques de Estados Unidos hacia figuras de MORENA como si fueran ataques hacia la Nación, lo que motivó reiteradas justificaciones sobre la defensa de la soberanía nacional. Sólo que una cosa es el obradorismo, otra es el movimiento, otra es el partido político y otra el Estado Mexicano.
Y frente a la autocrítica laxa (casi nula), se recurrió al lugar común: «no puede haber pueblo pobre con gobierno rico«; «no mentir, no robar y no traicionar al pueblo«, y demás expresiones que caracterizaron al obradorismo, pero que no tuvieron el mismo eco fuera de las paredes del World Trade Center.

Mayor atención recibió la postura de Ariadna Montiel respecto a las eventuales candidaturas del próximo proceso electoral: no sólo se reitera el método de encuestas o el filtro «antinepotismo»; también se privilegiará a aspirantes con trayectoria impecable y que tengan trabajo en territorio. Sólo que la trayectoria no tan impecable mata encuesta, incluso si se encabezan las preferencias electorales.
Este punto es de gran relevancia porque implica dar continuidad al trabajo iniciado por Luisa María Alcalde en su última etapa como dirigente nacional de MORENA, siguiendo la instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum para investigar a conciencia a todas y todos los aspirantes a las 17 gubernaturas en juego en el próximo proceso electoral.
Y esa investigación no sólo se limitaba a sondeos y encuestas, o a lo que dice la prensa sobre dichos aspirantes. También implicaba cotejar perfiles con expedientes abiertos en las fiscalías de los estados y en la General de la República, así como aquellos integrados en la Secretaría de Gobernación que (aún) encabeza Rosa Icela Rodríguez.
Frente a este nuevo escenario, ¿qué futuro le espera a Zacatecas con la nueva dirigencia nacional de MORENA? Porque no es secreto la relación entre Ariadna Montiel y la senadora Verónica Díaz Robles, lo que podría favorecer a ésta en sus aspiraciones a lograr la candidatura a la gubernatura de Zacatecas.
Hasta donde sabemos, no fue grato el primer encuentro entre la nueva dirigente nacional y la recién nombrada presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones, Citlali Hernández, única encargada (por instrucción presidencial) de sacar adelante todo lo relativo al proceso electoral 2026-2027. Sin injerencia de la presidencia del CEN. Pero, pues, vemos, vemos…


