Cinco años de la «nueva gobernanza»

Era un 6 de enero de 2022. Unos 10 cuerpos sin vida habían sido colocados frente a Palacio de Gobierno en lo que fue conocido como el «macabro regalo de Reyes». Entonces pidió a las y los zacatecanos «encomendarse a Dios». No habían transcurrido ni cuatro meses de administración, marcada en sus primeros años por manifestaciones de cuanto gremio se antoje y cuyo culmen llegaría el 8 de marzo de 2024.

Esos y otros tantos hechos fuera de la burbuja del bienestar quedarán en la memoria colectiva para recordar el actual sexenio, muy por encima de la ironía del «Año de la Paz», aunque fuera por decreto.

En total, 1 mil 822 días han transcurrido para la «nueva gobernanza». Y a partir de hoy, restan 368 días para ceder el cargo a quien gane la eleción de 2027. Claro que hay una gran diferencia entre administrar el poder y compartirlo o delegarlo. Así que eso de «ceder el cargo» queda en veremos cuando no se ha ostentado.

Que David Monreal sea «el mejor gobernador que haya tenido Zacatecas«, eso ya lo juzgará la historia, como ha juzgado a sus antecesores que decían cosas similares.

Una cosa es cierta: será recordado como aquel que arrebató Zacatecas no al PRI, porque Alejandro Tello se lo entregó mucho antes de la elección, sino a Miguel Alonso Reyes, cobrándose la declinación de 2010 cuando David Monreal aspiraba por primera vez a la gubernatura, en aquel entonces abanderado por el PT, un partido con el cual se ha enemistado (¿dónde no ha abierto frentes innecesarios?).

No hay mayor explicación para cinco años del discurso de las «herencias malditas» enfocadas en el sexenio 2010-2016, y sospechosamente no decir ni pío sobre el «quinquenio diferente», ese que se negó a cargar con el costo político de la tan cuestionada reforma a la Ley del Issstezac.

El impacto de la «nueva gobernanza» no ha sido el mismo que en 1998, cuando por primera vez la izquierda (entonces bajo las siglas del PRD) arrebató al PRI la gubernatura de Zacatecas en lo que se conoció como el monrealazo, al amparo de un Andrés Manuel López Obrador, que aún tenía mucho por hacer para pasar a la historia.

En 2021, una «nueva izquierda» (bajo las siglas de MORENA) recuperó la gubernatura, en gran parte gracias al respaldo social que acaparaba López Obrador. Eran otros tiempos, había otras condiciones, el contexto era diferente. Pero una golondrina no hace verano.

En la última década, eso que podríamos denominar la primavera de la izquierda latinoamericana se ha ido acercando a su ocaso. Porque cuando los discursos no van acompañados de congruencia en las acciones, y mucho menos existe autocrítica, no hay mucha diferencia frente a la forma de administrar el poder desde la derecha.

Eso nos lleva a hacernos tres preguntas cruciales para Zacatecas y para el país: ¿qué izquierda queremos?, ¿qué izquierda merecemos?, ¿qué izquierda tenemos?

La primera pregunta implica mucho de las convicciones personales y un sistema de creencias que se puede o no compartir con otras personas. Sin embargo, también exige puntos de coincidencias, de acuerdos, por encima de las diferentes posturas individuales. ¿Cuál es el proyecto que reúne mayores coincidencias?

La segunda pregunta obliga a cuestionarnos qué estamos dispuestos a hacer (o dejar de hacer) en corresponsabilidad con nuestro gobierno, porque merecer implica «entregar algo a cambio de». Pero si no queda claro el «proyecto» al que hacemos referencia en la primera pregunta, difícilmente habrá coincidencias respecto a la segunda pregunta.

Un ejemplo: ¿preferimos pagar puntualmente nuestros impuestos para que se traduzcan en políticas públicas que coadyuven a abatir las brechas de desigualdad (como los Programas del Bienestar)?, ¿o es preferible una verdadera reforma fiscal que grave la riqueza con la misma finalidad (que pague más el que más tiene)?

Finalmente, la tercera pregunta es más consecuencia de los cuestionamientos anteriores. Y mucho tiene que ver con el compromiso social para involucrarse en el quehacer público.

Es este último punto el que más ha marcado a la «nueva gobernanza», porque si un logro ha tenido en cinco años de administración ha sido la unidad social en contra de un gobierno que no merecían las y los zacatecanos, un gobierno que, sin embargo, fue legitimado en las urnas con el gobernador más votado en la historia de Zacatecas y que no pudo capitalizar ese logro en 1 mil 822 días transcurridos del actual gobierno.

Pretender asumir un control que no se tuvo en cinco años de gobierno para conducir el relevo en el cargo en el último año de administración parece más un despropósito, consecuencia de haber delegado (o compartido) el poder.

De sus resultados o fallas, de eso ya se hablará en la Glosa del Quinto Informe de Gobierno (si es que aún tenemos la esperanza en una 65 Legislatura crítica y no melodramática).

Porque al final, cinco años de gobierno se reducen a una sola premisa: David Monreal fue el que arrebató al alonsismo la gubernatura. ¿Para bien o para mal?