Y ahora, ¿qué sigue?

Antes de que concluya septiembre la dirigencia nacional de MORENA aún en manos de Ariadna Montiel tendrá definidas las coordinaciones restantes de su proceso interno: Baja California Sur, Chihuahua, Nayarit, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Tlaxcala. Siete espacios en los que tentativamente aún faltaría por designar tres espacios para mujeres y cuatro para hombres a fin de cumplir con el principio de paridad.

Hasta el momento se han definido las coordinaciones estatales de Aguascalientes, para Nora Ruvalcaba; Querétaro, Santiago Nieto; Campeche, Pablo Gutiérrez; Sinaloa, Imelda Castro; Colima, Rosi Bayardo; Michoacán, Carlos Torres; Guerrero, Beatriz Mojica; Quintana Roo, Eugenio Segura; Zacatecas, Verónica Díaz, y en Baja California, Julieta Ramírez.

Sin embargo, el caso de Zacatecas ha sido bastante peculiar, pues si bien con anteriores designaciones hubo algunas fricciones que no pasaron a mayores, nuestra entidad parece que marcó el punto de ruptura.

No hablamos únicamente de las ausencias de Geovanna Bañuelos, Ulises Mejía o Carlos Puente durante la presentación de quien sería designada coordinadora, o de los gritos de «fraude» al momento de anunciar el nombre de Verónica Díaz.

Ya desde enero de este año en este espacio advertíamos de un primer listado al interior de MORENA donde la senadora figuraba como «palomeada» para tal designación, por encima del diputado federal Ulises Mejía, incluso si tenía el respaldo de Palacio Nacional, un escenario que no cambió con un sondeo realizado a finales de febrero (cuyos resultados nunca se dieron a conocer, pero a los que este espacio tuvo acceso).

Hacia junio de este año se publicarían las convocatorias para las respectivas coordinaciones estatales de sabe qué tanto (el eufemismo de las prepreprepreprecandidaturas a las gubernaturas), con letras chiquitas en las que rara vez se puso atención.

Porque no sólo advertíamos que se avizoraban candidaturas de unidad, sino que las dichosas encuestas tan llevadas y traídas no se realizarían a menos que se validara más de una solicitud de registro.

Pero la cláusula que ya anunciaba (sin hacer ruido) que las designaciones serían más por decisión política y no tanto por respaldo social era la que determinaba que las y los aspirantes deberían acatar la resolución de la Comisión Nacional de Elecciones, ya en manos de Citlalli Hernández Mora, sin derecho a objetar la determinación en el sentido que fuere.

La desconfianza no surgiría con las primeras designaciones en las que nunca se hicieron públicas las dichosas encuestas que validaran su postulación. De hecho, todas coincidían con los nombres que encabezaban las mediciones demoscópicas que circularon durante casi tres meses en medios nacionales como El Heraldo o El Universal (en particular las pagadas desde Palacio Nacional). Y entonces llegó el caso de Zacatecas.

No hay forma de justificar que quien siempre se mantuvo en tercer lugar de las preferencias desde la apertura de las convocatorias hasta el momento de las designaciones, paradójicamente, había ganado la encuesta definitiva que ameritara la designación.

Y no hacer públicos los resultados de la dichosa encuesta definitiva es hacerse más delito, lo que coincidiría con otro detalle bastante peculiar: la de Zacatecas ha sido la única designación que Citlalli Hernández Mora no ha publicado en sus redes sociales, más allá de la transmisión de la conferencia en la que se realizó el anuncio. De hecho, su participación ha sido la más corta de las 10 designaciones realizadas hasta el momento (apenas un minuto y 40 segundos).

Haiga sido como haiga sido, lo importante es que en este proceso interno la dirigencia nacional de MORENA no está asumiendo el costo de las designaciones; al contrarairo, ha delegado a las propias coordinaciones el costo de su designación y la tarea de garantizar la unidad, un reto que en adelante tendrá Verónica Díaz, en la antesala del proceso electoral 2026-2027.

El reto es aún más difícil porque su designación no sólo ha puesto en entredicho la legitimidad de las dichosas encuestas (una legitimidad que ya ha generado fracturas con el PT), sino todo un proceso interno que deja más dudas que certezas.

Más allá de esta designación, aún falta cuestionarse cuál sería el costo de atenerse de verdad a los resultados de las encuestas (que siguen sin hacerse públicos), por encima de las decisiones políticas, porque en el fondo, con otro resultado, seguramente debió ser mayor el costo que designar en una coordinación a un tercer lugar en las preferencias.

Lo mismo habría que preguntarse con las demás coordinaciones ya designadas: ¿cuál sería el costo real para MORENA de haber elegido otros perfiles, de haber transparentado a la población los resultados de sus encuestas, sin dejar dudas sobre estas decisiones validadas desde la Comisión Nacional de Elecciones?

Del otro lado, en la oposición, sería muy aventurado decir que con esta designación ya tienen el camino planchado para recuperar la gubernatura en 2027; sin embargo, no hay que descartar las sospechas que marcaron el proceso electoral 2020-2021 en las que se llegó a acusar presuntos acuerdos con Alito Moreno para dejar la gubernatura a MORENA. ¿Será que para el siguiente año se cobran este supuesto acuerdo?, ¿sería Fito Bonilla la condición para ese acuerdo? Como quien dice, vemos, vemos…