El plástico de un solo uso, desechado o quemado, perjudica la salud humana y la biodiversidad y contamina todos los ecosistemas, desde las cumbres de las montañas hasta el fondo de los océanos.
Según estudios, más de 400 millones de toneladas de plástico se producen en el mundo cada año, de las cuales del 10% se recicla, pero 11 millones de toneladas acaban cada año en lagos, ríos y mares, lo cual equivale aproximadamente al peso de 2 mil 200 torres Eiffel juntas. Además, el costo social y medioambiental anual de esta contaminación oscila entre 300 mil y 600 mil millones de dólares.
Los microplásticos, pequeñas particular de plástico, llegan a los alimentos, el agua y el aire. Se calcula que cada habitante del planeta consume aproximadamente más de 50 mil partículas al año, y muchas más si se tiene en cuenta la inhalación.
La contaminación por plásticos está asfixiando nuestro planeta, dañando los ecosistemas, el bienestar y el clima. A medida que éstos se descomponen en partes cada vez más pequeñas, se infiltran en todos los rincones de la tierra, hasta el océano, desde el cerebro humano hasta la leche materna.
Investigadores en Alemania advierten que el impacto de los microplásticos en los suelos, sedimentos y el agua dulce podría tener un efecto negativo a largo plazo en los ecosistemas. Los científicos estiman que la contaminación terrestre por microplásticos es entre 4 y 23 veces mayor que la oceánica.
Los investigadores concluyen que, aunque se han realizado pocas investigaciones en este campo, los resultados hasta la fecha son preocupantes: los fragmentos de plástico están presentes prácticamente en todo el mundo y pueden desencadenar muchos tipos de efectos adversos.
Un estudio estima que un tercio de todos los residuos plásticos termina en suelos o agua dulce. La mayor parte de este plástico se desintegra en partículas de menos de cinco milímetros, conocidas como microplásticos y éstas se descomponen aún más hasta llegar a ser nanopartículas (menos de 0.1 micrómetros de tamaño); el problema es que estas piezas están entrado en la cadena alimenticia.
Las aguas residuales son un factor importante en la distribución de microplásticos, de hecho, entre el 80% y el 90% de las partículas de plástico contenidas en las aguas residuales, como las fibras de prendas de vestir, persisten en los lodos de la aguas residuales, este material a menudo se aplica como fertilizante, lo que significa que varios miles de toneladas de microplásticos terminan en nuestros cultivos cada año. Estas partículas incluso se pueden encontrar en el agua del grifo.
En 2020, el primer estudio de campo en analizar el impacto de los microplásticos en la fauna del suelo señala que han disminuido especies que viven debajo de la superficie, como ácaros, larvas y otras criaturas diminutas que mantienen la fertilidad de la tierra.
En términos generales, cuando las partículas de plástico se descomponen, obteniendo nuevas propiedades físicas y químicas, aumenta el riesgo de que tengan un efecto tóxico en los organismos, y los efectos químicos son especialmente problemáticos en la etapa de descomposición.
Nuestra ropa es una de las fuentes principales, las fibras minúsculas de acrílico, nylon, spandex y poliéster se desprenden cada vez que lavamos nuestra ropa y son llevadas a las plantas de tratamiento de aguas residuales o directamente al medio ambiente. Según Walter Woeld, más de 700 mil fibras microscópicas de plástico podrían liberarse al ambiente en cada ciclo de una lavadora.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y la Alianza Mundial por el suelo, la OMS, PNUMA, organizaron el Simposio Mundial sobre Contaminación del suelo para reunir a los actores de la ciencia y la política con el fin de comprender el estado, las causas, los impactos y las soluciones a la contaminación producida por el Plástico. Todos y cada uno de los análisis sobre el tema mencionan que mientras no se logre un cambio de hábito en los ciudadanos del mundo para dejar de utilizar el plástico en el mundo, el problema continuará.

