Después de una pausa por trabajo y estudios, retomo mi espacio en Lalalá News y reflexionaré sobre el abasto de medicamentos.
Durante años, los gobiernos neoliberales desmantelaron el sistema de salud mexicano, incluido el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), dejando a millones con clínicas desabastecidas y esperas interminables. La salud, un derecho humano, se convirtió en un lujo.
Sin embargo, bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, el panorama comienza a cambiar. Con inversiones históricas, hospitales recuperados y programas como “Rutas de la Salud”, el ISSSTE y el sistema de salud pública están renaciendo. ¿Cómo llegamos a este punto? ¿Qué tan lejos estamos de la salud universal?
Desde los años ochenta, el neoliberalismo marcó el rumbo. Gobiernos como los de Carlos Salinas y Vicente Fox, guiados por la lógica del mercado, recortaron el presupuesto del ISSSTE y del sector salud. En su lugar, promovieron esquemas público-privados que encarecieron los servicios mientras los hospitales se deterioraban.
El ISSSTE, que atiende a 13.2 millones de derechohabientes, sufrió la falta de medicamentos, equipos obsoletos y personal insuficiente. El Seguro Popular, creado en 2003, prometió cobertura universal, pero sólo fragmentó más el sistema, dejando a los más pobres con atención precaria. La pandemia de COVID-19 fue un golpe brutal: el ISSSTE y el IMSS colapsaron bajo el peso de un sistema debilitado por décadas de abandono.
Con la Cuarta Transformación en 2018, y ahora bajo Claudia Sheinbaum desde 2024, el rumbo cambió. El ISSSTE ha recibido 330 millones de pesos en 2025 para renovar 562 clínicas, dotándolas de electrocardiógrafos, aire acondicionado y accesibilidad.
La nacionalización de hospitales en Tabasco, Nayarit y Yucatán ha permitido al instituto recuperar el control, abaratando costos y ampliando servicios. Por ejemplo, el Hospital General “Dr. Daniel Gurría Urgell” en Tabasco ahora ofrece 41 especialidades.
Asimismo, “Rutas de la Salud” lleva medicamentos gratuitos a comunidades marginadas, beneficiando a usuarios del ISSSTE y de IMSS-Bienestar, que reemplazó al Seguro Popular. Además, el énfasis en la atención primaria, con programas para enfermedades como diabetes, busca prevenir antes que curar, reduciendo traslados innecesarios a la capital.
No todo está resuelto. La coordinación entre el ISSSTE, IMSS e IMSS-Bienestar sigue siendo un reto y faltan médicos en zonas rurales. Pero el compromiso con la gratuidad y la universalidad es un cambio radical frente al modelo neoliberal que mercantilizaba la salud.
El ISSSTE, alguna vez símbolo de abandono, empieza a ser un pilar de esperanza. Los avances son reales: clínicas renovadas, medicinas gratuitas, hospitales recuperados. Sin embargo, el camino es largo. Necesitamos más personal, menos burocracia y un sistema de salud plenamente integrado.
La próxima vez que visites una clínica del ISSSTE, fíjate en los cambios y pregúntate: ¿qué falta para que todos tengamos la salud que merecemos? La respuesta está en nuestra exigencia como ciudadanos, y la respuesta a estas exigencias como servidores públicos, en mi caso. No dejemos que esta lucha colectiva se detenga.

