Cosas malas que parecen buenas

Lo dijimos desde agosto pasado, mucho antes de que se cumpliera el primer año de mandato de Claudia Sheinbaum: la Presidenta exigía definición de lealtades, con miras al proceso electoral de 2027 y la eventual reforma electoral, que está en marcha con diferentes foros por todo el país.

Y en esta definición de lealtades la mayor presión recaía principalmente en dos figuras: la dirigente nacional de MORENA, Luisa María Alcalde Luján, y el secretario de Organización del partido, Andy López Beltrán.

El primer indicio de esta definición de lealtades vendría durante la plenaria de MORENA en la Cámara de Diputados, un foro convocado por el diputado federal Ricardo Monreal del que se excluyó a Alcalde Luján y a López Beltrán., como una medida de presión de Claudia Sheinbaum para que la dirigente nacional del partido tomara su decisión: o tomaba distancia de Andy López Beltrán (y el desastre que representa), o podría despedirse de la eventual postulación de Zoé Robledo a la candidatura a la gubernatura de Chiapas y la suya propia para la Jefatura de Gobierno de la CDMX.

Días después, con bombo y platillo, y luego de un cambio de fecha, Luisa Alcalde visitó Zacatecas en la gira para supervisar los avance en la meta de afiliación al partido, una meta nacional que alcanzaba las 10 millones de personas y en lo local, unas 100 mil. En aquel entonces, en rueda de prensa, se informó que a nivel nacional ya llevaban un avance de 9 millones de afiliados y en lo local, unos 75 mil, aunque las cuentas nunca cuadraron

En aquella visita a inicios de septiembre, Luisa Alcalde se apegó a un guión que no ponía en riesgo sus lealtades (ni sus aspiraciones): destacar algún logro local y vincularlo con lo nacional (la reducción de homicidios dolosos); que las dichosas encuestas (que nadie conoce) seguirán siendo el método de selección de candidaturas; que MORENA prohibiría el «nepotismo electoral» desde 2027 (y no hasta 2030, como se aprobó en la última reforma en la materia); y que la Presidenta y el partido tienen altos niveles de aprobación.

No pasó desapercibida la manera en la que Luisa Alcalde se deslindó de los conflictos al interior de MORENA en la entidad y la marcada exclusión de ciertas militancias que renegaban (y siguen renegando) de una secta que tanto daño ha hecho a Zacatecas (esa que tiene coptado al partido), más ahora que traen cargada oficial.

Porque en aquel entonces se limitó a responder que si hay pruebas, que se denuncie ante la Comisión de Honestidad y Justicia. Y luego volvió a su guión para llamar a la unidad y la demagogia de que hoy MORENA está más fuerte y organizado que nunca.

Apenas dos meses pasaron desde aquella visita, anunciada con bombo y platillo y con convocatoria abierta para informar los avances del partido en la entidad, cuando se tuvo otra visita de una figura nacional, esta vez sin convocatoria porque hay que evitar los cuestionamientos: la visita del secretario de Organización, Andy López Beltrán.

El único indicio que hay sobre su visita fue una publicación de Rubén Flores Márquez, presidente del Consejo Estatal de MORENA, dizque para evaluar la estructura territorial y el «excelente trabajo organizativo» que se ha realizado en Zacatecas, con poco más de 102 mil 844 afiliaciones de una meta de 100 mil (cuando en sus cuentas chinas, apenas habrían alcanzado unas 5 mil afiliaciones).

Pero más allá de números que no cuadran, lo importante es el mensaje que se envía desde Zacatecas a la presidenta Claudia Sheinbaum: sus lealtades no están con la mandataria, sino con quien le ha puesto piedras en el camino y ha sembrado fracturas al interior del movimiento.

Si de ese modo la secta que tanto daño ha hecho a Zacatecas (o «Los Mustios«, como le quieran llamar) pretendía de ese modo asegurar la postulación de la senadora Verónica Díaz Robles a la candidatura a la gubernatura en 2027, con esta definición de lealtades contra la Presidenta bien pudieron haberse ganado el veto.

Tampoco es que la aspirante llevara mucha ventaja en las mediciones locales rumbo a la sucesión gubernamental, y en parte se podría sospechar que la sobreexposición de la senadora en el momento que arrastra más negativos en su trayectoria política haya sido la verdadera estrategia del gobernador David Monreal (y en última instancia, del jefe del Clan, Ricardo Monreal) para deslindarse de esa secta que tanto daño ha hecho a Zacatecas alegando que «se hizo lo que se pudo y ni modo«.

Finalmente, esta definición de lealtades de MORENA Zacatecas por supuesto que impactará en la definición de la candidatura a la gubernatura, una aspiración que (ahora sí) habría quedado sepultada para la secta o «Los Mustios«, por estultos. Es el precio de «hacer cosas malas que parecen buenas». Pero, pues, cada quién