Es el segundo mes del año y se comienza a sentir el calor en la ciudad, con el viento frío, pero el sol fuerte. En las ciudades se experimentan temperaturas superiores a las del entorno debido a que las superficies construidas capturan y retienen el calor, aunque esta situación se agrava con el cambio climático.
Por lo general hace más calor en una ciudad que en un pueblo situado a sólo unos kilómetros, esto es debido a las Islas de Calor, que se definen como un fenómeno de origen térmico que eleva la temperatura en áreas urbanas, especialmente por la noche, se atribuye a diversos factores, como el clima, el asfalto, entre otros.
El cambio climático amenaza a las grandes ciudades tanto como a los entornos naturales. De hecho eventos meteorológicos extremos, como olas de calor o sequías, son cada vez más habituales y ocasionan problemas de salud.
Una isla de calor se define como una zona urbana que experimenta temperaturas más altas que las zonas cercanas, debido a la actividad humana. La causa principal es la acumulación de estructuras, como edificios, aceras o asfalto, que absorben más calor y lo liberan lentamente. Al contrario que las áreas naturales como pastizal, bosque, río o cuerpos de agua, a esto se suma el calor y la contaminación generada por el tráfico y la industria.
Se caracteriza por provocar un aumento de temperatura, en especial por las noches, donde la media anual del aire de una ciudad con un millón de habitantes o más puede ser entre 1°C y 3°C más alta durante el día respecto a la periferia, mientras en la noche esta diferencia se puede disparar hasta 10°C.
Hay varias causas que contribuyen a generar islas de calor urbanas: Las superficies oscuras y con alta conductividad térmica, como el asfalto, que además es usado por un mayor número de vehículos, hacen que las ciudades absorban una cantidad mayor de radiación solar.
La escasez de vegetación y áreas verdes provoca que no se produzca una baja de temperatura por la evaporación del agua de las plantas, además de haber menos árboles y sombra, lo que provoca que el suelo sea más caliente.
Grandes edificios, tanto de oficinas como de particulares, que absorben el calor y bloquean el paso del viento, evitando que la ciudad se refresque por las corrientes. Por último la contaminación atmosférica, causada por las fábricas, autos, que atrapan la radiación solar, evitando que se disipe el calor.
Las islas de calor urbanas tienen consecuencias negativas sobre la vida de las personas y el medio ambiente. El aumento del consumo de energía durante las noches, por el aire acondicionado, incrementa el precio de la electricidad.
Las altas temperaturas pueden afectar la salud, causando malestar general, problemas respiratorios, insolaciones, deshidratación, cansancio e incluso aumentar la mortalidad por golpes de calor.
Un estudio reciente, publicado por la editorial IOP, indica que los efectos asociados al calentamiento por las islas de calor urbanas podrían duplicar las pérdidas económicas previstas por el cambio climático.
Para minimizar los impactos de las islas de calor urbanas es necesario apostar por un desarrollo urbano sostenible, que cuente con una arquitectura bioclimática, con energías renovables, así como infraestructura sostenible, pues se necesita renovar los edificios, carreteras, puentes, aceras, estaciones, para alinearlos de manera sostenible.
También, promover la movilidad sostenible, mirando hacia las nuevas tecnologías; impuestos verdes, por la emisión de CO2, de otros gases de efecto invernadero y de sustancias contaminantes están destinados aumentar los comportamientos nocivos para la salud.
Una propuesta interesante que se presenta en algunos países son los ecobarrios, nuevos desarrollos urbanos que pretenden disminuir el impacto ambiental, cambiando los hábitos de vida de sus habitantes, incorporando más zonas verdes, regenerando espacios públicos y fomentando la educación ambiental.
El futuro de las ciudades requiere una planificación que las haga más resilientes y sostenibles, apostar por infraestructuras verdes y azules, aumentar el arbolado, rehabilitar espacios públicos mediante soluciones basadas en la naturaleza y repensar los materiales utilizados en la construcción, son pasos para construir ciudades frescas, habitables y resistentes al cambio climático.

