Con el paso de los años he aprendido que se debe trabajar para vivir y no vivir para trabajar y que más vale trabajar en lo que nos gusta, para así no sentirnos atrapados en un mundo en el que no encajamos, sufrir un estrés inacabable y terminar agotados cada día sin la menor oportunidad de disfrutar a nuestros seres queridos y el fruto de ese agobiante empleo.
Muchos quizá podrían decir que lo que escribo es cliché viejo, podría ser y tal vez en algún momento de mi vida pude haberlo dicho sin tener conciencia del gran y profundo significado de esas palabras, pues yo misma fui esclava de mi pasión por hacer lo que me gusta, pues no medía tiempo en el trabajo ni las consecuencias por estar ausente de mi vida personal y familiar, pues me sentía parte, sino es que dueña de la empresa, tenía la camiseta bien puesta y además me sentía indispensable…
Indispensable… nada más falso en la vida de un trabajador asalariado. Total, hace unos años corté esa cadena, sin sospechar siquiera las consecuencias –positivas y negativas– de mi decisión. Entonces estaba en los cuernos de la luna, aunque con mi espalda destrozada por una contractura permanente que ya había normalizado y sin tiempo apenas para dormir unas horas.
No quiero decir que a todos nos pase igual, sin embargo, explico para dar contexto a mi afirmación inicial. Hay que trabajar sí, pues sólo ganando lo que uno tiene puede disfrutarlo con plenitud, pero hay que trabajar sólo lo necesario y es mejor tener empleo a no tenerlo. El tema viene porque justo ese consejo di a mi hija que recientemente se convirtió en madre y quiere reinsertarse a la vida laboral porque la vida es cara, porque tiene más responsabilidades, porque quiere darle una buena vida a su hija y además quiere apoyar a su esposo.
Ella es ingeniera civil, pero por diversas circunstancias ha ejercido muy poco, y a donde va le exigen siempre experiencia.
En la búsqueda de un empleo digno, ya no digo bien remunerado, y que se acomode para tener tiempo para ella y su familia, ha tocado muchas puertas. Ha vendido pollo frito, pizzas, tornillos y donas, ha sido recepcionista de hotel y ha emprendido varios negocios que nomás no dan por más empeño que le pone, nada que se acerque ni un poquito a lo que le apasiona, a lo que estudió… es pues una profesionista desempleada.
La semana pasada fue a la Feria del Empleo para las Mujeres que se llevó a cabo en Guadalupe; estaba casi segura de que ahí encontraría algo que le acomodara, pues el gobierno anunció que participarían 32 empresas que ofrecerían más de 500 vacantes y que habría 700 oportunidades más, por medio del Portal del Empleo.
Llegó pasado el mediodía, ya era la candidata número 600 y pico a ser contratada, pero regresó sin nada. En la mayoría de los stands se ofrecían empleos de mostrador o de vendedor que demandaban un horario de todo el día, sin contar uno que contrataba guardias de seguridad –aunque en ese momento no había plazas para mujeres– que implicaba ausentarse de casa 15 días seguidos. Nada para alguien que está en plena lactancia materna.
En casi todos los stands la respuesta que recibió fue casi idéntica: «no estamos autorizados a contratar gente con tu perfil», porque tiene una licenciatura. En un momento de espera, escuché la conversación de algunas mujeres, algunas jóvenes y otras ya no tanto, que se quejaban de que habían ido a perder toda la mañana y no habían encontrado nada o que las mandaban a la planta a ver si las contrataban.
Sería genial que las autoridades, así como anunciaron cuántas plazas se ofertaron en esa feria del empleo, también dieran cuenta de cuántas mujeres contrataron.
Con este escenario de fondo, el IMSS difundió la estadística de la Variación Anual de Puestos de Trabajo por Entidad Federativa en la que se da cuenta que Zacatecas destaca sobre Nuevo León, San Luis Potosí y Aguascalientes en la generación de empleos formales; es el cuarto después de Ciudad de México, Estado de México e Hidalgo.
Sinceramente se me hace poco creíble que superemos en empleos formales a estados con economías pujantes y con menos inseguridad como Nuevo León y Aguascalientes, lo digo porque es evidente que en Zacatecas el trabajo informal prolifera; sólo hay que darse una vueltecita por cualquier calle y verán puestos de todo tipo, puestos en forma y otros improvisados.
Y en todo caso, ¿qué tipo de empleo es el que aumentó? ¿Son de esas plazas que los empleados cuidan o son de las que presentan una rotación inmensa?
Porque no hay que perder de vista que de acuerdo con información, también difundida por el IMSS, en el país está ocurriendo algo casi inédito… Se están perdiendo registros patronales.
De acuerdo con el IMSS, 25 mil 992 patrones se dieron de baja del padrón hasta enero de 2026, con lo que se cuentan 19 meses de caída en la tasa anual; sólo el primer mes de este año se perdieron más de 5 mil registros patronales si se compara con diciembre de 2025. Entre las causas figuran la complejidad para cumplir con las exigentes normas que les impone el gobierno y la inseguridad, por ello muchas empresas cierran o dejan de ser formales en detrimento del trabajador.
En este contexto ¿qué oportunidad real tiene mi hija –y todos los mexicanos– de hallar un empleo digno, acorde a sus conocimientos y que satisfaga sus necesidades?

