Desperdicio de alimentos y apoyar al planeta

¿Sabías que, según los expertos, desperdiciamos más de mil millones de toneladas de alimentos al año? Esto representa un enorme despilfarro de los recursos necesarios para producir, procesar y transportar esos alimentos, además de que significa que cada día las y los ciudadanos descartamos aproximadamente 1.3 comidas por cada persona en el mundo impactada por el hambre.

También es un factor importante del cambio climático: hasta un 10% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero proviene de alimentos que al final son desperdicios.

Resolver este problema exige colaboración a lo largo y ancho de todo el sistema alimentario, conectando las políticas públicas con las prácticas de la agroindustria y el comercio minorista, por ejemplo, cada año se utiliza un área de territorio más grande en China para producir alimentos que se perderán en las cadenas de suministro.

Pero hay mucho que podemos hacer como personas para asegurarnos de que nuestra comida termina en nuestros estómagos y no en nuestros basureros. Te damos algunas ideas que puedes aplicar:

  • Compra con atención plena. Aproximadamente el 60% de todo el desperdicio de alimentos proviene de hogares, mas de mil millones de comidas desperdiciadas cada día. A menudo esto empieza con decisiones que tomamos con el antojo o por cómo se ve, y no con el bolsillo, nos llaman la atención alimentos que nunca llegaremos a comer o caemos ante estrategias de mercadeo, con promociones y realizamos compras compulsivas. Planea tus comidas antes de ir al mercado y aplícate a tu lista de compras: así es más probable que adquieras sólo lo que sabes que vas a utilizar.
  • Cocina sabiamente. Cocinar más de lo que puedes comer genera desperdicio, pues muchas sobras terminan en la basura. A menos que estés preparando varias comidas por adelantado, mide tus porciones de arroz y otros alimentos básicos para asegurarte de preparar sólo lo que tu o el grupo para el que cocinas comerán. Si en efecto te quedan sobras, no las desperdicies. Aprovéchalas para reemplazar una futura comida que hubieras comprado o incorpora sus ingredientes sobrantes en una nueva receta.
  • Almacena con ingenio. Conocer los requisitos de almacenamiento de diferentes tipos de alimentos es esencial para minimizar su deterioro y desperdicio. Guarda tus alimentos en recipientes herméticos; las carnes frescas en el congelador. Mantén las frutas y verduras frescas en el cajón para vegetales del refrigerador. En el caso de alimentos perecederos, sigue un sistema de que el primero que entra, primero que sale, para evitar que se echen a perder.
  • Aprender qué significan y que no las etiquetas de «mejor antes de»: Estudios muestran que muchas personas suponen que la comida debe desecharse después de la fecha de mejor antes de, impresa en su paquete. En la Unión Europea, el 10% del desperdicio anual de alimentos se debe a estas fechas. En los Estados Unidos, el 84% de las y los consumidores botan algunos alimentos simplemente por la fecha indicada en la etiqueta. Pero a diferencia de la fecha de caducidad o «consumir antes de», sólo indica la fecha a partir de la cual la empresa que lo elabora ya no garantiza la calidad, el sabor o la textura óptima de su producto. Los alimentos suelen ser perfectamente seguros para comer después de esa fecha: sólo revisa su apariencia visual, huélelos y pruébalos antes de meter la cuchara.
  • Aprecia la imperfección. Desperdiciamos casi la mitad de todas las frutas y verduras, en parte esto se debe a la preferencia por productos perfectos o normales: cerca de un tercio de la producción se rechaza desde donde se realizó hasta el mercado sólo por su apariencia. Una zanahoria torcida o una manzana con marcas sigue siendo apta para el consumo. Al elegirla, no sólo se ayuda a reducir su desperdicio, sino también a disminuir el uso de recursos en la producción de frutas y verduras. Comprar alimentos locales y de temporada, cuando te sea posible, también ayuda a reducir las emisiones para transportar, almacenar y vender alimentos lejos de donde fueron cultivados.
  • Compartir es cuidar. A veces la realidad se impone, simplemente no se puede comer todo lo que compramos o cocinamos. Pero tal vez tus amistades o vecinas y vecinos sí puedan. Conversa y comparte, o utiliza una aplicación para encontrar quién puede aprovechar esos ingredientes que sobran. Para alimentos no perecederos que aún no han alcanzado su fecha de venta, considera donarlos a un banco de alimentos, donde pueden apoyar a las personas más vulnerables de tu comunidad.
  • Al compostar nada sobra. Ciertos restos o desperdicios son inevitables, como las cáscaras de huevo, sandía o cáscara de cebollas. Pero cuando estos residuos terminan en vertederos, se descomponen sin oxígeno, generando metano, un gas de efecto invernadero. La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos, estima que el 58% de las emisiones de metano de los rellenos sanitarios de ese país provienen de alimentos desperdiciados. Compostar estos residuos devuelve nutrientes esenciales a la tierra, mejora la estructura del suelo, captura carbono.

Existen muchas maneras de poder evitar el desperdicio de comida, ¿tú cuál aplicas?