
Si genera desconfianza el anuncio que hiciera el gobernador David Monreal el Día de la Santa Cruz sobre una inversión cercana a los 4 mil millones de pesos en obra pública para este año (e inicios de 2027), será porque el mandatario está acostumbrado a mentir con todos los dientes.
En su mañoso desglose de esta inversión proyectada, habría que precisar que ni son 4 mil millones de pesos, ni todo es inversión estatal. De hecho, la suma de recursos federales a invertir en Zacatecas (según sus cifras alegres) alcanzaría los 5 mil 300 millones de pesos distribuidos en acciones de mejora de la autopista (que no es autopista) Zacatecas-Aguascalientes, mantenimiento de carreteras federales y el programa Vivienda del Bienestar. Ya nada le faltó al gobernadcor incluir los recursos del programa La Escuela es Nuestra.
A lo anterior se sumaría un próximo anuncio de la presidenta Claudia Sheinbaum para «un desdoblamiento», sin olvidar la inversión por más de 2 mil millones de pesos pendientes para la Presa Milpillas (de una inversión global por más de 9 mil millones).
Estas cifras engañosas no sorprenden de quien se acostumbró a mentir y a desestimar las evidencias en su contra (cuando no raya en el ridículo acusando que «es inteligencia artificial», como aquel indignante «manoseo» cuando fue candidato a gobernador).
En el ocaso del quinto año de gobierno (y prácticamente el cierre del sexenio), David Monreal llegará con malas cuentas a su informe de gobierno en septiembre próximo, y la estrategia será camuflarlas con una mezcla entre inversiones federales y estatales para que no se note la morralla invertida por el estado.
Porque de acuerdo con información oficial de los informes financieros que publica la Secretaría de Finanzas (disponibles para consulta pública), en lo que va de la administración se han devengado unos 4 mil 395 millones 603 mil 843 pesos específicamente en el Capítulo 6000 relativo a Inversión Pública.
A ese monto se sumarían los 1 mil 561 millones 119 mil 688 pesos asignados para este año al mismon Capítulo, lo que daría un total global de 5 mil 956 millones 723 mil 531 pesos en lo que va de la administración y hasta el cierre de 2026.
Dicha cifra también es relativa, pues en ese Capítulo no se contemplan los recursos en fideicomisos que, en teoría, se destinarían también a obra pública, como los 3 mil 654 millones de pesos del Viaducto elevado que nadie pidió, más los 590 millones 77 mil pesos que se estiman para el proyecto del C5, más la inversión proyectada para el Platabús (del cual nunca quedó claro ni transparente lo invertido ni lo proyectado para invertir).
Las cifras, aunque inconsistentes entre los dichos y la información en documentos oficiales, podrían sorprender e impactar a primera vista. Sin embargo, sabido es que estas millonarias inversiones no son una derrama económica que beneficie a todo el sector de la construcción, sino sólo a un pequeño grupúsculo de constructores que, además de acaparar los proyectos de obra pública (y está el portal de la Secretaría de la Función Pública para confirmarlo), son bien harto conocidos por haber financiado la campaña a la gubernatura del entonces candidato David Monreal, aunque hoy convertidos en facilitadores de presunto desvío de recursos, lo mismo que una selecta lista de proveedores.
De otro modo, no se entiende por qué a pesar de estas millonarias inversiones en obra pública, la estadística de empleos formales que publica el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) muestra que en los casi cinco años que van de la administración hoy se tienen más de 4 mil 300 empleos menos que al inicio del sexenio únicamente en lo que corresponde al sector de la construcción. Y aún falta ver la actualización de estadísticas al mes de abril.
Este acaparamiento de las inversiones en obra pública entre un pequeño grupúsculo de constructores, y la caída de empleos formales en el sector, son síntoma del estancamiento económico que vive Zacatecas, pues no es desconocido que la actividad de la construcción incide en más de 70 subsectores de la economía.
Por encima de todo, queda claro que la inversión en obra pública en lo que va de la administración (o sea, cinco años de gobierno) representan la inversión federal de un solo año para Zacatecas. Y que en esas cuentas alegres queda un importante pendiente que fue promesa desde el primer año de gobierno: el mantenimiento del 100% de la red carretera estatal.
Como se recordará, en la glosa del primer informe de gobierno, el entonces secretario de Obras Públicas (una dependencia que ha tenido tres titulares en lo que va de la administración), Guillermo Carrillo Pasillas, estimaba una inversión superior a los 8 mil millones de pesos para atender los 4 mil kilómetros de carreteras que estaban en condiciones de regular a malas, de los 5 mil kilómetros que comprende la red carretera estatal.
A estas alturas, ¿cómo vamos en esa meta (que casualmente ni siquiera se incluyó en el Plan Estatal de Desarrolllo)? No olvidemos además que, en la 64 Legislatura, los entonces diputados Juan Mendoza y José Luis Figueroa ya hacían fuertes señalamientos sobre la disparidad de costos por cada kilómetro atendido, pues en algunos casos no superaba los 1.5 millones mientras en otros rondaba ya los 4 millones por kilómetro. ¿Y no quieren que sospechemos de corrupción y desvío de recursos?
Quizá lo único que habría que agradecer a David Monreal, más allá de la cancelación del Viaducto elevado que nadie pidió, es que al menos no tendrá una obra insignia del sexenio, como en su momento lo fueron las «glorietas de la muerte» o el Centro Cultural Toma de Zacatecas. Porque de eso a nada, mejor nos quedamos sin elefantes blancos, lo que no evita que, como ciudadanos, se exija transparencia sobre la aplicación de esos miles de millones de pesos en obra pública, particularmente el destino que tendrán los remanentes del Fideicomiso para el Viaducto elevado que nadie pidió. No sea que, en su opacidad, el gobierno de David Monreal aproveche los vacíos legales (y de transparencia) para financiar campañas para su sucesión en la gubernatura. Pero, pues, cada quién…


