Hay una diferencia sustancial entre administrar una institución desde el escritorio y recorrerla con los zapatos puestos. A casi dos años de haber asumido la dirección general del ISSSTE, Martí Batres Guadarrama ha hecho de la segunda opción un método de gobierno, y su reciente gira por Zacatecas lo confirmó.
Este 29 de agosto, el director general visitó el Hospital General de Zacatecas y las Clínicas de Medicina Familiar Zacatecas y Guadalupe, donde verificó el funcionamiento de las áreas y atendió peticiones tanto de la derechohabiencia como del personal de salud. No fue una visita protocolaria de fotografía y templete.
En el Hospital General supervisó las obras de ampliación y rehabilitación del área de terapia intensiva, que contempla cinco camas y la renovación integral de muros, techos, pisos, gases medicinales y sistema eléctrico, en beneficio de 220 mil derechohabientes. Entró a la farmacia y constató un abasto del 97% en un catálogo de 616 claves de medicamentos. Los números se verifican en el anaquel, no en el comunicado.
Nada de esto ocurre en el vacío. La transformación del ISSSTE se inscribe en la política de salud que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien ha puesto en el centro la construcción de un Sistema Universal de Salud, el fortalecimiento de la atención primaria y un ambicioso proyecto nacional para crear más de nueve mil nuevas camas hospitalarias en el país.
Quienes formamos parte del instituto trabajamos por instrucciones de la Presidenta bajo una premisa clara: la salud no es una mercancía, es un derecho, y el Estado tiene la obligación de garantizarlo con hechos, no con discursos.
El caso zacatecano ilustra esa política nacional. El programa La Clínica es Nuestra, impulsado por el Gobierno de México, pasó de beneficiar 562 clínicas en 2025 a 633 unidades médicas en 2026, con un componente que merece subrayarse: son los propios derechohabientes quienes deciden en qué invertir los recursos de su unidad. La CMF Zacatecas, que atiende a 58 mil derechohabientes, recibió por esa vía presupuestos superiores al millón de pesos anuales para rehabilitar consultorios y renovar el aire acondicionado.
Los resultados agregados tampoco son menores. De enero a julio de 2026 el instituto realizó más de 200 mil cirugías, muy por encima de las 173 mil del mismo periodo de 2025 y las 154 mil de 2024. Dos años consecutivos de crecimiento sostenido que se traducen en menores tiempos de espera.
A ello se suma la incorporación de más de dos mil camas censables y el avance en la nacionalización de servicios como la endoscopía, decisiones que fortalecen las finanzas institucionales sin sacrificar la atención.
¿Está todo resuelto? Por supuesto que no. El rezago histórico del ISSSTE es de décadas y quienes trabajamos cerca de la operación cotidiana sabemos que persisten retos en saturación de servicios, plantillas de personal y mantenimiento de infraestructura.
Pero hay una diferencia entre un rezago que se administra con resignación y uno que se enfrenta con método, presupuesto y presencia territorial. La gestión de Batres ha optado por lo segundo: supervisiones directas, metas públicas y verificables, y una lógica de rendición de cuentas que se somete al escrutinio de la mañanera y de la propia derechohabiencia.
Que el director general del ISSSTE camine los pasillos del Hospital General de Zacatecas, pregunte por el abasto y escuche al personal de salud no resuelve por sí solo los problemas del instituto. Pero envía una señal que en el servicio público vale oro: la de que nadie, ni en el último rincón del país, está fuera del radar.
A dos años de gestión, ese es quizá el mayor mérito de Martí Batres: haber convertido en política institucional la cercanía que la presidenta Sheinbaum ha marcado como sello de su gobierno. Zacatecas lo constató de primera mano.

