Luna Nueva: ¿vivir para trabajar?

De acuerdo con información del IMSS, 75% de los mexicanos padece estrés laboral, casi ese mismo universo en el país presenta el Síndrome de Desgaste Profesional o Síndrome Burnout, según la Organización Mundial de la Salud. Dicho de otra manera, las personas viven para trabajar y no al contrario, que sería lo más saludable y lógico.

La verdad no me sorprende mucho. Es el precio que se debe pagar por tener una vida más o menos cómoda siguiendo lo que dictan los estándares de la moda, que en más de un caso seguimos más por imitación que porque realmente necesitemos o nos haga falta algo.

Así que, según mi razonamiento, tendemos a tratar de imitar la vida de la gente que vemos en la pantalla, con auto último modelo, novio o novia de infarto, viajes, muebles lujosos y cierta forma de vestir, comer tal o cual alimento, tener televisión de paga, hacerse fotos según la época del año, tener el teléfono de última generación, etc.

Ello nos lleva a buscar empleos bien remunerados y aunque no es la regla general, en ocasiones un trabajo es bien pagado porque se compra mucho de nuestro tiempo y cuando no es así y tenemos un empleo cómodo con buena paga y grandes prestaciones, el sólo el hecho de pensar que lo podríamos perder nos pone estresados: nos duele la cabeza, la espalda, el brazo, tenemos náuseas, etc.

Ahora imagine el estrés “normal” del trabajo, pensar que podemos quedar sin empleo y encima aguantar acoso laboral sin la certeza de que se recibirá la remuneración por la que trabajamos…

El estrés aumenta cuando sabemos lo difícil que es encontrar un empleo que nos guste y nos dé para vivir bien, al menos con dignidad.

A nivel nacional, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, Nueva Edición (ENOEN), indica que en octubre la población desocupada se estimó en 2.3 millones de personas; según el mismo análisis, el desempleo fue menor que en 2020.

Sin embargo quien tenga un dedo de frente sabrá que el año pasado hubo más desempleo como efecto de la pandemia de COVID-19, que obligó a parar el aparato gubernamental que da miles de empleos directos e indirectos y paró también el sector privado.

A media que la vida fue “regresando a su cauce” y que abrieron las empresas y se normalizaron las jornadas laborales en el aparato público, se fue integrando la gente desocupada, el abatimiento al desempleo no es necesariamente porque se hayan abierto nuevas fuentes de empleo.

A estas alturas, es de celebrar a la gente que tiene el valor para abrir su propio negocio, sea grande o pequeño y que además sea fuente de empleo para otras personas, porque entre el riesgo que representa invertir en un nuevo proyecto, los impuestos y todas las obligaciones patronales que esto conlleva y la inseguridad, esa gente se juega más que el dinero que le pone al negocio.

Hace años descubrí el valor que tiene dedicarse tiempo a uno mismo, a la familia y a las cosas que le gustan a uno. Luego, cuando volteo de vez en cuando para atrás descubro con algo de pesar que me perdí de muchas cosas irrepetibles en mi vida y la vida de mis hijos por trabajar y trabajar para tener, ir, comer y comprar todo lo que venden, fuera indispensable o no.

Tampoco digo que dejemos de darnos un gusto, no hablo de tacañería; si tenemos para consentirnos, consintámonos, apapachémonos, porque luego se nos irá la vida, la salud y las ganas de divertirnos por estar trabajando siempre y la vida no retoña.