Es de reconocerse el cambio drástico de política contra los cárteles en el país. Si fue o no por presiones de Estados Unidos, es otro tema, lo destacable es que al fin, desde que la 4T subió al poder, el Estado se enfrentó, con toda su fuerza, al crimen organizado.
Digo que se debe reconocer porque tras casi ocho años, parecía que había un “descarado pacto de no agresión” entre Gobierno y criminales, que se hizo evidente cuando, en 2020, Andrés Manuel López Obrador saludó de mano y platicó con la madre de Joaquín, El Chapo, Guzmán, en un encuentro… ¿fortuito? y luego, meses después dio la orden de liberar a Ovidio Guzmán, hijo de El Chapo cuando ya había sido capturado en un operativo en Sinaloa; el argumento que ofreció el entonces presidente fue que dio la orden para evitar derramamiento de sangre.
Y ese “pacto de no agresión” fue preservado en la narrativa presidencial con la tristemente célebre frase: “Abrazos no balazos”.
En fin, es muy loable la detención y abatimiento de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, líder y fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), pero su muerte por sí misma no garantiza que se haya “acabado” con el cártel y por ende con el trasiego de sustancias ilícitas a Estados Unidos –como lo demanda el gobierno de aquel país– si no hay un desmantelamiento a fondo de la organización criminal. Es decir, no basta con abatir al capo, sino encarcelar a todos sus terratenientes y de ahí para abajo.
Al no hacerlo, seguramente desde ayer ya estará dando órdenes y organizando a su gente “el nuevo jefe”, pues, insisto, todos sabemos la capacidad de regeneración que tienen estas organizaciones delictivas para reconstituirse o renovarse aunque les falte una pieza, así sea la misma cabeza.
El ejemplo más reciente es El Chapo… otrora el criminal más buscado del mundo, pues aunque con su captura definitiva se debilitó a su organización, finalmente el Cártel de Sinaloa no desapareció, a la fecha sigue operando.
La ausencia del capo causó una ola de violencia y una guerra interna por el control del territorio que fue más allá de Sinaloa, con lo que el país se sumió en un periodo de inestabilidad incluso años después de la caída de Joaquín Guzmán Loera.
En este caso, “cortaron la cabeza”, pero como el ajolote mexicano, el cartel se regeneró.
En pocas palabras, insisto, de muy poco servirá que se detenga a un solo capo si no hay un desmantelamiento o desarticulación del cartel entero y redes de complicidad que existen en el gobierno.
Otra cabeza que cayó muchos años antes fue la de Miguel Ángel Félix Gallardo, líder del Cártel de Guadalajara; tras la captura del conocido como el Jefe de Jefes, el cártel no sucumbió sino que se partió en tres: el Cártel de Sinaloa, el Cártel de Tijuana y el Cártel de Juárez. Faltó la cabeza, pero no se acabó con el problema.
A principios de los años 2000 detuvieron a Osiel Cárdenas, líder del Cártel del Golfo y creador de Los Zetas como su brazo armado, que tras su detención se separaron del cártel y se originó una terrible ola de violencia al norte del país. Otra vez, capturaron al capo, pero no se acabó el problema.
Lo mismo pasó con Alfredo Beltrán Leyva en 2008. Todavía era parte del Cartel de Sinaloa, pero su detención provocó una ruptura que originó el Cártel de los Beltrán Leyva con la consecuente ola de violencia que no sólo afecta a “los interesados”, sino a la población en general.
El origen del mismo CJNG viene del rompimiento del Cártel del Milenio provocado por la detención de Nacho Coronel. Lo mismo, se corta la cabeza, pero no se desmantela la organización y el problema continúa.
La conclusión que nos muestra la historia es muy evidente. De nada o de muy poco sirve la detención o abatimiento del cabecilla, líder o fundador de una organización criminal de esta envergadura si no se va más allá y se acaba con la organización entera.
La detención y posterior –y conveniente– muerte de El Mencho en la ambulancia que lo llevaba a un hospital, parece más un montaje para entregar a Donald Trump “un pez gordo” para mitigar la presión que Estados Unidos ejerce contra Claudia Sheinbaum en el tema de combate al narcotráfico, que una decisión propia de hacer frente al crimen organizado en el país.
Y digo conveniente porque de ser ciertas todas las acusaciones que hay contra políticos de estar coludidos con narcotraficantes ¿quién sería el más afectado si hubiera hablado el capo? ¿Qué hubiera dicho El Mecho cuando las autoridades de EU lo interrogaran? ¿Qué información tenía? ¿A quién podría mencionar en sus declaraciones? Eso nunca lo sabremos.

