El tema casi obligado de la semana y tal vez el de mucho tiempo, es la crisis del campo y el movimiento casi inaudito que motivó la desafortunada decisión de intentar acallar el enojo de los campesinos en Zacatecas.
Sembraron represión, cosecharon resistencia: decía una de las pancartas que llevaban en cartón los manifestantes que salieron de la Unidad Académica de Ingeniería y llegaron a Plaza de Armas; esas cuatro palabras resumen fielmente el movimiento de este 11 de mayo…
De inmediato salió como el bombero apagafuegos que es, el secretario general de Gobierno, Rodrigo Reyes, a minimizar la dimensión y significado del movimiento: Es una estrategia de desestabilización política, dijo.
Ya no es de sorprender que sea el segundo de a bordo quien salga a dar la cara por el gobierno y no el propio titular del Poder Ejecutivo, David Monreal, pues esta es la firma del que ha sido un gobierno errático.
Tampoco sorprende la respuesta. Siempre, incluso desde el centro, los hechos son minimizados de una u otra forma y se les califica –siempre– como provocaciones de la oposición, como errores de otros, como mala voluntad de otros, como mentiras, aunque estén documentados los hechos, aunque haya pruebas, aunque haya testigos, aunque todo un país lo esté viendo y sufriendo…
En siete años de la 4T jamás he oído o leído que el gobierno, ya sea federal o estatal, asuma su responsabilidad como gobierno y en lugar de repartir culpas busque un real acercamiento y solucione los conflictos ya sean de seguridad, sociales o económicos.
Aquí fue “estrategia de desestabilización política”, en Ciudad de México, fueron comentarios de mala fe contra el secretario de Educación y así podemos “rascar” y saldrán muchos ejemplos.
Y sin minimizar el ataque a la dignidad e integridad de los campesinos –que es lo que se ve en primer plano y se hizo mediático–, y sin restarle importancia tampoco a las denuncias y demandas de los productores frijoleros, es de mera justicia para el campo de todo el país poner en relieve que el conflicto por el frijol no es el único que hiere al agro mexicano.
Sólo este fin de semana la crisis del campo mexicano escaló a un nivel alarmante; lo que comenzó como una exigencia por precios justos y apoyos emergentes derivó en enfrentamientos, detenciones, bloqueos y amenazas de paralizar puntos estratégicos del país.
Desde Tamaulipas hasta Colima, productores advierten que su hartazgo está llegando al límite por la desatención, porque los ignoran, porque no les ayudan a seguir produciendo. En Zacatecas es el frijol. Los que vienen a las manifestaciones son sólo algunos, porque hay muchos, la mayoría, los que no se presentan a los movimientos, tal vez los más afectados.
Sin hacer más averiguaciones sobre quienes salen a manifestarse, lo cierto es que el trasfondo es el coyotaje, ese que siempre se ha enriquecido con el trabajo del campesino. Lo grave es que los coyotes vienen, son protegidos y son del propio gobierno todos los saben.
Además de las manifestaciones de frijoleros en Zacatecas, sólo este fin de semana, insisto, hubo movimientos campesinos en Colima, Sinaloa, Sonora, Tamaulipas y Jalisco.
En Colima productores cañeros mantienen bloqueos en el Ingenio Quesería para impedir la salida de azúcar, mientras que en Sinaloa y Sonora agricultores de maíz y trigo intensificaron plantones y amenazas de cierre de oficinas federales ante el aumento de costos de producción, la caída de rentabilidad y la sombra del maíz transgénico que amenaza a la producción nacional.
En Tamaulipas las movilizaciones fueron de productores de sorgo por el desplome de precios del grano, mientras que en Jalisco productores lecheros realizaron protestas simbólicas al denunciar competencia desleal y precios insuficientes para sostener la actividad. Derramaron leche en las calles.
El clima de inconformidad refleja el deterioro económico y social que atraviesa el sector rural mexicano, donde miles de productores aseguran que trabajan bajo condiciones críticas y sin respuestas concretas de las autoridades.
Al campo zacatecano además le pega el contrabando de ajo, contra el que luchan incluso contra las propias autoridades mexicanas que solapan el delito y el último, productores de tomatillo y cebolla prefieren dejar pudrir sus cosechas porque les pagan el kilo de su productos a peso el kilo.
Así que no, no es estrategia de desestabilización política; que todo se mueva por política es otra cosa; que no quieran hacer la parte que les corresponde es otra cosa; que pretendan ocultar su ineficacia en la antesala de un año electoral, es otra cosa…
La megamarcha de este lunes refleja el hartazgo social de todos los sectores poblacionales ya que la 4T en siete años ha logrado lo que el antiguo régimen alcanzó en 70 años: el rechazo y repudio social.
Es innegable que tristemente siempre ha habido corrupción, pero ahora hay corrupción, desvergüenza y cinismo.
El campo se seca, los campesinos están cansados y el Gobierno ante cada calamidad, conflicto o controversia, reparte culpas en lugar de asumir su papel.
Y lo de los agricultores no es todo en el campo… ya veremos cómo evoluciona lo relacionado con la plaga de gusano barrenador del ganado que ya rompió la última barrera sanitaria del país: Zacatecas.

