El aumento sin precedentes de las temperaturas en el Océano Pacífico desencadena un «super fenómeno» capaz de alterar el clima mundial, combinando sequías extremas e inundaciones devastadoras.
Un monstruo meteorológico acecha la estabilidad del clima global. No surge de las profundidades marinas para destruir ciudades a pisadas, pero su fuerza destructiva es igual de letal: el «Niño Godzilla». Fue originalmente nombrado por el oceanógrafo de la NASA Bill Patzert durante el histórico evento de 2015-2016, y ha vuelto al centro de la discusión científica entre expertos de la UNAM y agencias internacionales.
El apodo no es un mero adorno publicitario. Representa una anomalía térmica profunda en la que las aguas superficiales del Océano Pacífico tropical central superan sus promedios históricos por más de 2 °C y hasta 3.5 °C, rebasando por completo las variables de un evento de «El Niño» estándar.
Este fenómeno de intensidad masiva es esporádico, ocurre aproximadamente cada 10 a 15 años, pero cuando se manifiesta, altera de golpe la circulación atmosférica y el comportamiento de los vientos a nivel planetario. Su impacto genera episodios extremos de forma simultánea en puntos opuestos del globo:
- Inundaciones y precipitaciones torrenciales: Azotan con dureza las costas de Perú, Ecuador, el sur de Estados Unidos y zonas del centro-sur de México.
- Sequías severas e incendios: Provocan una ausencia crítica de lluvia en el norte de México, Indonesia, Australia, Filipinas y el sur de Asia.
- Huracanes más agresivos: El calor acumulado en el agua alimenta un incremento sustancial en la cantidad y la fuerza de los ciclones en el Océano Pacífico.
- Colapso marino: Las altas temperaturas reducen drásticamente la productividad de microorganismos, afectando la cadena alimenticia marina en zonas históricamente ricas en biodiversidad como la corriente de Humboldt, entre Chile y Perú.
De acuerdo con proyecciones de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOAA), estos eventos suelen formarse durante el trimestre junio-agosto, alcanzando su punto máximo de intensidad entre diciembre y enero. Su ciclo de vida habitual se extiende por lo menos durante un año, decayendo gradualmente hacia el otoño del año siguiente.
Para México, la evolución climática presenta un doble desafío. En una primera fase, el fenómeno puede mitigar temporalmente las olas de calor extremo al traer un incremento en las precipitaciones hasta el verano. Sin embargo, la calma es engañosa: se prevé una alta probabilidad de que el fenómeno se reintensifique con temperaturas elevadas e impactos meteorológicos severos durante el último trimestre del año.
Frente al tono alarmista que suele rodear al «Niño Godzilla», los especialistas hacen un llamado a la objetividad. Si bien la población y los sectores productivos como la agricultura y la pesca requieren certezas para planificar, la ciencia enfrenta límites inherentes al predecir la exactitud de estos eventos complejos.
Lidiar con la incertidumbre no significa ignorar el riesgo, sino fortalecer las medidas de prevención y preparación ante un fenómeno que, una vez más, demuestra que la realidad del cambio climático puede superar a la ficción.

