“No es que tengamos poco tiempo para vivir, sino que desperdiciamos gran parte de ese tiempo”.
Lucio Anneo Séneca (4 a. C. – 65 d. C.), Sobre la brevedad de la vida
La palabra procrastinación es un término que viene del latín procrastinatio, procrastinationis (aplazamiento), nombre de acción del verbo procrastināre (remitir un asunto para el día siguiente). Este término aparece particularmente en los discursos judiciales de Cicerón.
Considero que la procrastinación laboral no se limita a un acto simple de posponer tareas; es un fenómeno multidimensional influido por factores psicológicos, emocionales, socioculturales y organizativos, más adelante veremos el porqué.
Posponer tareas no es un fenómeno nuevo, la mayoría de las personas hemos experimentado en algún momento la procrastinación, sin embargo, durante la pandemia de COVID-19 en el año 2020 aumentó de manera preocupante, durante los confinamientos y el uso masivo de plataformas digitales para la educación y muchas de las actividades laborales en línea.
Procrastinación en el trabajo a distancia
Algunas ventajas del trabajo a distancia son que el trabajador ahorra tiempo y dinero al evitar el traslado diario a la oficina y aunque algunos trabajos permiten trabajar desde cualquier ubicación, otros pueden tener restricciones. Mientras que muchas personas disfrutan la flexibilidad, otras prefieren tener un horario y una rutina determinados.
Por una parte, algunas personas pueden experimentar mejores niveles de bienestar en el equilibrio trabajo-vida, mientras que otras pueden carecer de motivación entre sus metas laborales y sus aspiraciones, disminuyendo la satisfacción laboral, se pueden generar niveles elevados de estrés, corriendo el riesgo de procrastinar (postergar las tareas asignadas) y afectar el rendimiento y la eficiencia laboral.
También existen factores psicológicos como la ansiedad y el perfeccionismo en la procrastinación laboral. La ansiedad puede potenciar la procrastinación al generar un temor irracional al fracaso o a la incapacidad de cumplir con las expectativas.
Las personas propensas al perfeccionismo pueden intensificar la autoexigencia, lo que resulta en la procrastinación como un mecanismo para evitar errores. Esto no sólo ocurre en el trabajo a distancia, también lo vemos en el trabajo presencial.
Rendimiento escolar y procrastinación
Se puede observar que los padres que guían y fomentan en sus hijos desde pequeños la responsabilidad de cumplir con sus tareas escolares, forman estudiantes disciplinados en el estudio, con alto rendimiento y bajo nivel de procrastinación.
En cambio, si desde niños no son orientados y motivados a ser responsables de sus actos, si sus padres son mayormente permisivos y crecen sin normas ni reglas para aprender es probable que en su juventud puedan ser inestables y con altos niveles de procrastinación, esto es común en los estudiantes que cambian constantemente de carrera y más delante de trabajo.
Muchas veces al enfrentarse a una tarea que requiere esfuerzo o concentración, se posterga la tarea porque genera incomodidad, inseguridad o aburrimiento y en lugar de enfrentarse a la tarea, se distrae interactuando en las redes sociales y el uso excesivo de estas redes es uno de los hábitos más ligados a la procrastinación.
Un comportamiento habitual de los jóvenes con altos niveles de procrastinación es revisar y comentar las novedades que se publican en Facebook, X u otras; luego responden a los mensajes recibidos en sus redes sociales, revisan constantemente su celular para ver los mensajes recibidos en WhatsApp, participan en algún juego en línea y, cuando empiezan con sus tareas ya se encuentran cansados, fatigados, les cuesta dejar de interactuar en las redes sociales para cumplir con sus responsabilidades, aumentando las probabilidades de presentar una adicción al internet.
Algunas consecuencias del uso excesivo de las redes sociales son: afectación del rendimiento académico; retraso en entregas escolares o laborales; pérdida de tiempo y aumento de malestar emocional (estrés y sentimientos de culpa) al ver acumularse las tareas pendientes.
Si bien el internet es un factor que puede ser contraproducente para el cumplimiento de las responsabilidades de los universitarios, debemos considerar que bien orientado puede convertirse en una herramienta de mucha utilidad en la construcción de conocimientos.
Algunos estudiantes con alto rendimiento académico y bajos niveles de procrastinación también pasan tiempo navegando en internet en lugares donde pueden intercambiar conocimientos, consultar revistas científicas y visitar espacios donde pueden crecer intelectualmente o intercambiar materiales de estudio con grupos que tienen intereses comunes.
¿Cómo modificar el comportamiento procrastinador?
Cuando se toma conciencia de las responsabilidades de su formación profesional y se decide cambiar el comportamiento procrastinador para concentrarse más en las actividades escolares, algunas sugerencias pueden ser: limitar el acceso a las redes sociales, desactivar notificaciones en las horas de estudio y llevar a cabo una buena administración del tiempo que se dedica a las redes sociales.
Si hay tareas que has estado posponiendo durante mucho tiempo, lo importante es que identifiques qué te causa la procrastinación, que decidas modificar los hábitos y utilizar las técnicas adecuadas para combatirla; que hagas un uso adecuado de las redes sociales y realizar las tareas pendientes.

