Hace unos días acompañé a mis padres, de 76 y 79 años respectivamente, a sus consultas médicas de control mensual. Son derechohabientes del ISSSTE, ya que mi padre trabajó 37 años para el gobierno federal –sin una sola falta, presume mi viejo cuando se le pregunta–.
No tenía idea del infierno que pasan los derechohabientes de esa institución, pues con unas instalaciones prácticamente nuevas –inauguradas en enero de 2018–, amplias y aparentemente funcionales, cualquiera pensaría que efectivamente se recibe una atención adecuada, digna y eficiente, pero no.
Desconozco cómo sea en otros estados de la República, pero en Zacatecas quien diseñó los protocolos de atención no tiene idea del suplicio al que somete a la derechohabiencia, sobre todo a decenas de personas de la tercera edad que van a sus consultas programados para “perder” toda la mañana haciendo más de una fila para salir, después de casi cuatro horas o más, con sus recetas surtidas a medias, sobre todo los últimos ocho años.
La atención en el ISSSTE contrasta diametralmente con la que se otorga en el IMSS en Zacatecas, a pesar de que en este estado el Seguro Social cuadriplica la cantidad de derechohabientes de la institución en cuestión –según el INEGI, en Zacatecas hay 526 mil 465 en el IMSS contra 109 mil 229 en el ISSSTE–.
Los usuarios del Seguro Social nos quejamos sin darnos cuenta de que somos un mundo de derechohabientes entre los directamente asegurados, los pensionados y sus familias, razón por la cual es que sólo en la capital del estado hay más de una clínica, para dar atención a la derechohabiencia, aunque lamentablemente, sólo hay un hospital. La atención ahí, a pesar de los esfuerzos –a veces titánicos– que hace el personal médico, no es la mejor, sobre todo en Urgencias, pero ese es otro tema.
Sin embargo, los protocolos de atención son mucho más eficientes desde mi punto de vista, a pesar de que muchos difieran de mi opinión. En el IMSS cada consultorio tiene una asistente que recibe al paciente, lo pesa, le hace sus citas o programa otras con especialistas y los orienta, y en las farmacias, nunca me ha tocado esperar más de 10 minutos, entrego mi receta firmada y la persona que me la recibe en ese momento surte el medicamento. Personalmente pocas veces he salido con la medicina incompleta.
Una ventaja que ahora más que nunca aprecio, es que salvo que se vaya “a cachar” un espacio, es que las citas son puntuales casi siempre, aunque en ocasiones “se cuelgan” unos minutos, hasta media hora me ha tocado, pero han sido pocas las veces, sólo hay que llegar mínimo 15 minutos antes, para que el sistema no “te bote” de la lisa.
En el ISSSTE hay que llegar como mínimo una hora antes previendo cualquier eventualidad, porque hay que hacer fila para que una sola enfermera tome los signos vitales y suba a la báscula a tooooodos los pacientes que irán a consulta a cualquier consultorio, ahí hay que esperar de 15 a 30 minutos, según las personas que vayan por delante; luego hay que esperar turno para la consulta, que pueden ser pocos minutos o hasta una hora y tal vez más –esa vez esperamos una hora–.
Pensé que eso sería lo más ominoso, pues veía cómo mi padre con dificultad se cambiaba de un asiento, de esos metálicos que cobran por “el descanso”, a su silla-andador o intentaba dar unos pasos… vi a unos abuelitos, de esos de cabello blanco y piel muy arrugada, cabecear o dormir y a algunos padres luchando con el aburrimiento de sus hijos pequeños.
Cuando pensé que todo había terminado y que sólo pasaríamos ya por la farmacia a recoger el medicamento, una larga fila –de unas 20 personas–, me situó bruscamente en la realidad, lo peor es que la formación era sólo para entregar las recetas, porque luego hay que esperar otro tiempo indeterminado para que llamen a los pacientes para entregarles las medicinas.
Una mujer de unos 80 años, muy delgada, de piel curtida por el sol y los años, cabello blanco y bastón en mano, se acercó a mí cuando yo era la última de la fila y me preguntó si era la formación para la farmacia, cuando le dije que sí, cambió su semblante y me dijo: “yo no aguanto tanto tiempo parada, mejor haré la lucha de venir mañana temprano a ver si hay menos gente”, y se fue, a pesar de que me ofrecí a quedarme ahí cuidando su lugar mientras ella se sentaba, pero no quiso, dijo que ya era mucho tiempo ahí. Pasaban las 2 de la tarde.
Otro hombre mayor que se formó atrás de mí, me dijo que era el segundo día que iba, porque un día antes no había “aguantado” –de pie– y se había ido. No llegó a la farmacia, se fue otra vez sin su medicamento.
Mi padre me recomendó que al recibir las cajas verificara si tenía medicamento, porque ya le habían tocado más de una vez, cajas vacías, y cuando reclamó lo culparon de haber sacado las pastillas en algún momento y no le valió tampoco reclamar en la dirección.
Además, hay que hacer otra fila para concretar la próxima cita en una ventanilla única para tal trámite y, en el caso de mis papás, se tuvo que hacer una formación más en laboratorio, con “el pequeño” detalle de que hay que salir de “una torre” y hacer el recorrido por la calle, rodeando el edificio y bajo el sol, porque no hay forma de hacerlo desde adentro ¡imagine a los viejitos que van sin acompañante! Lo peor es que hasta después de esperar turno le notifican a uno que esas citas se hacen tres días antes de la consulta con el médico. Nadie orienta al respecto para ahorrarse la asoleada, la caminada y la frustración.
Si esto pasa cuando cada institución atiende sólo a su derechohabiencia, ¿qué ocurrirá cuando entre de lleno el Servicio Universal de Salud, anunciado con bombo y platillo en abril pasado?
A grandes rasgos con este programa federal, cualquiera puede ir a cualquier institución de salud pública a recibir atención: los del IMSS pueden ir al ISSSTE o al IMSS Bienestar y viceversa, ¿el ISSSTE de Zacatecas tendrá la capacidad de dar una atención digna? ¿De cuánto serán los tiempos de espera ahí con tantas filas que hay que hacer? ¿El IMSS se dará abasto para atender a más pacientes?
Y luego viene el asunto de las medicinas, entre que si roban, que si hay un cargamento escondido y caducado, que la atención casa por casa –que también es todo un tema–, que la Megafamacia del Bienestar es un elefante blanco y mil cosas más, más nos vale mantener la salud intacta, evitar enfermarse o programarse y resignarse para recibir una atención que deja mucho que desear, a menos que seamos de las 7 mil 672 personas en Zacatecas que según el INEGI pagan sus servicios médicos en instituciones privadas, porque tienen la solvencia para hacerlo. Todo un privilegio.

