El reconocimiento de derechos ambientales esenciales como el acceso al agua potable, un aire limpio y un entorno seguro, representa una condición fundamental para la supervivencia de nuestro planeta. En este horizonte, resulta indispensable analizar críticamente las propuestas y políticas públicas dirigidas al cuidado, conservación y preservación de la naturaleza.
En una colaboración anterior (el pasado 8 de octubre), abordamos la relevancia de la Declaración Universal de los Derechos del Árbol, destacando el caso de Terrasse-Vaudreuil, un pequeño municipio ubicado en la periferia de Montreal, Canadá. Se había anunciado que esta localidad se sumaría de manera oficial a dicho marco internacional. Sin embargo, debido a desacuerdos institucionales e incumplimientos en el proceso, es preciso ofrecer una actualización necesaria sobre este caso.
Los pasajes citados al final de nuestra colaboración del 8 de octubre como artículos de la Declaración Universal de los Derechos del Árbol —relativos al espacio aéreo y subterráneo necesario para el desarrollo del árbol y a su consideración como sujeto de derecho— corresponden en realidad a la Déclaration des droits de l’Arbre, carta simbólica de la asociación francesa A.R.B.R.E.S. Se trata de dos textos y dos iniciativas claramente distintos.
Impulsada a nivel internacional por Ricardo Rey, autor e iniciador de la Declaración Universal de los Derechos del Árbol y presidente de La Compagnie des Papillons Bleus, esta iniciativa establece principios éticos comunes para transformar de raíz la relación entre las sociedades humanas y la naturaleza.
Como entidad fundadora y gestora oficial, La Compagnie des Papillons Bleus no sólo concibió el marco ético global, sino que administra el Registro Internacional que valida, evalúa y fiscaliza la adhesión de municipios y organizaciones en todo el mundo.
Para comprender su verdadero alcance, es vital aclarar sus límites e instrumentos normativos:
- Lo que NO es: No constituye por sí misma una ley ni un tratado internacional vinculante, ni atribuye automáticamente personalidad jurídica a los árboles. Tampoco es una reserva natural ni un marco que reemplace las leyes locales o suprima las competencias de los Estados.
- Lo que SÍ es: Es un marco ético, científico, democrático y cultural destinado a orientar las decisiones públicas, la educación y la gestión territorial. Sus tres artículos constituyen el fundamento de un marco jurídico e institucional más amplio (los Quince Compromisos, un proceso de acompañamiento y el Registro Internacional), por lo que su adopción nunca debe entenderse como una simple adhesión simbólica.
- Condiciones de adopción y propiedad intelectual: Su aplicación se adapta a las competencias, los recursos y las características de cada territorio. No obstante, ninguna colectividad puede adoptarla oficialmente de manera unilateral: debe dirigirse previamente a La Compagnie des Papillons Bleus para preparar conjuntamente el proceso antes de someterlo a votación. La Declaración y sus instrumentos están protegidos por derechos de propiedad intelectual.
Para llevar estos valores éticos a la práctica de la gestión municipal o regional, la propuesta diseñada por La Compagnie des Papillons Bleus opera mediante un esquema articulado en tres niveles:
- Marco Ético Global: La Declaración Universal de los Derechos del Árbol sienta las bases filosóficas y los principios éticos compartidos a nivel internacional.
- Método de Implementación Territorial: A través de los 15 Compromisos, proporciona la ruta operativa indispensable para traducir los ideales abstractos en políticas públicas concretas y medibles.
- Cinco Ejes Estratégicos de Acción:
- Gobernar: Establecer instituciones e instancias de salvaguarda, tales como una Asamblea del Árbol o la figura de un Defensor del Árbol.
- Conocer: Identificar, comprender y catalogar el patrimonio arbóreo mediante inventarios continuos y herramientas como el Pasaporte de Árboles Guardianes.
- Actuar: Traducir los principios éticos en políticas públicas, regulando el sacrificio de árboles, exigiendo compensaciones ecológicas y defendiendo el derecho a la sombra.
- Preservar: Proteger activamente el entorno vital de los árboles y garantizar el desarrollo constante de la cubierta vegetal urbana.
- Transmitir: Fomentar la participación ciudadana y asegurar la preservación a largo plazo de este bien común vivo para las futuras generaciones.
Es en el nivel operativo donde el caso de Canadá tomó un giro decisivo. Adoptar la Declaración exige un compromiso real de transformarla en política pública. Sin embargo, en Terrasse-Vaudreuil el proceso no se consolidó:
- Ausencia de consulta previa: El municipio preparó y votó su resolución el 9 de junio sin consulta previa con La Compagnie des Papillons Bleus, y sólo después solicitó su inscripción en el Registro Internacional.
- Rechazo a los compromisos: La resolución inicial del 9 de junio no pasó de ser un acto puramente simbólico que generó visibilidad mediática, pero careció de efectos reales en la protección del patrimonio arbóreo local al negarse la administración municipal a asumir los 15 Compromisos.
- Aplicación progresiva vs. Negativa formal: Es importante aclarar que la adopción de los Quince Compromisos es integral, aunque su aplicación es progresiva. La retirada del reconocimiento no se debió a un retraso en su ejecución, sino a la negativa del municipio a comprometerse formalmente con ellos.
Dado que la adopción de la Declaración no admite membresías vacías de contenido, el 11 de septiembre de 2026 La Compagnie des Papillons Bleus puso fin a todo reconocimiento institucional hacia Terrasse-Vaudreuil, retirando al municipio del Registro Internacional y solicitándole la derogación formal de su resolución del 9 de junio, decisión que corresponde al propio municipio.
El desencuentro en Terrasse-Vaudreuil evidencia los retos a los que se enfrenta la gobernanza ambiental contemporánea: el riesgo de que la protección de la naturaleza sea utilizada como un discurso publicitario sin sustento ejecutivo.
A pesar de este retroceso puntual, el movimiento internacional promovido por La Compagnie des Papillons Bleus continúa cobrando fuerza. En la actualidad, numerosas ciudades en distintas partes del mundo se encuentran en proceso activo de adopción de la Declaración junto con sus 15 Compromisos, demostrando que es posible pasar del símbolo a la acción y consolidar una nueva relación de respeto y corresponsabilidad con nuestros ecosistemas.

