Cuando sobreviene una tragedia de cualquier tamaño, solemos pensar que fue el destino, el azar, que fue castigo divino, una maldición gitana, la envidia de alguien malintencionado, una coincidencia o un error de último momento.
Sin embargo todo tiene una explicación lógica. Si analizamos con detenimiento descubriremos que hubo una cadena de acontecimientos, acciones, omisiones y movimientos conscientes o inconscientes que nos llevaron a tal o cual situación.
Y eso aplica en todo, desde las pequeñas tragedias domésticas, como en las grandes decisiones que mueven empresas y gobiernos.
Los gobiernos anteriores a la 4T se sentían omnipotentes, todopoderosos, indispensables e insustituibles y sumidos en su excesiva confianza no voltearon a ver o no quisieron ver el hartazgo ciudadano, que se convirtió en la piedra angular para su posterior «derrocamiento», me faltaría tiempo y espacio para precisar al menos una parte de lo que hicieron mal los priístas, panistas o perredistas… no importan las siglas.
Sin embargo no podemos o no debiéramos pasar por alto que, a pesar de todo, no todo fue tan malo como el discurso del gobierno en turno nos quiere hacer creer, también hubo cosas bien hechas en los antiguos regímenes.
Sólo por dar algún ejemplo, mencionemos el crecimiento económico promedio de los últimos cinco sexenios, en los que el país ha sido gobernado por el PRI, PAN y Morena. Los números no mienten.
El crecimiento promedio en el sexenio del priísta Ernesto Zedillo (1994-2000) fue de 3.5%; con el panista Vicente Fox (2000-2006) fue de 2.3%; durante el gobierno del panista Felipe Calderón el crecimiento fue de 2.2%; con el priísta Enrique Peña Nieto (2006-2012) el promedio fue de 2.5 por ciento.
Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, de Morena (2018-2024) el crecimiento promedio fue de 0.8%, el más bajo de sus cuatro antecesores; muy a pesar del discurso oficial de que «los otros» no hacían bien su trabajo.
De acuerdo con el Banco de México (Banxico) en lo que va del sexenio de Claudia Sheinbaum (Morena) el crecimiento económico de México ha sido de 0.6 por ciento…
Según el INEGI, el crecimiento económico acumulado por sexenio ha variado significativamente; por ejemplo, el sexenio de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) ha registrado un crecimiento acumulado del 5.5%, menor al de sexenios anteriores como el de Enrique Peña Nieto (11.6%), Vicente Fox (12.3%), Ernesto Zedillo (20.5%) y Carlos Salinas de Gortari (26.9%). Es evidente que algo no va bien.
Lo más grave de todo es que aparentemente no se está haciendo algo por retomar o corregir el camino; no sólo se está siguiendo el mismo discurso del sexenio anterior, sino los mismos patrones que poco abonan al crecimiento real de México como nación.
Si no se pone atención a lo que se está haciendo bien y especialmente a lo que se está haciendo mal en este momento, el año pasado o el sexenio anterior caeremos en picada a un precipicio que se puede prever con tiempo, antes del colapso.
Ya no es tiempo de seguir culpando al pasado. Estadísticamente no hay razón. Es tiempo de actuar, poner remedio donde se cometieron yerros y dar cabida a lo que sí se ha hecho bien.
Porque un hecho es real, no todo mundo está contento con la actuación del Gobierno, de ser así, ¿por qué hay tantas manifestaciones? ¿Por qué no hay medicinas en los hospitales? ¿Por qué tanta gente trabaja en la informalidad? ¿Por qué cada vez la gente tiene menos prestaciones, esas que se habían ganado con años de lucha de los que estuvieron antes que nosotros? ¿Por qué los maestros tienen qué dejar las aulas para luchar por sus derechos laborales?
¿Qué debemos hacer el resto de los mexicanos –los que no somos gobierno–, para enderezar este barco en el que vamos todos?
Todo tiene consecuencias, lo que hacemos y lo que dejamos de hacer; identificar cada eslabón de la cadena es imprescindible para corregir errores, para redirigir el rumbo, para retomar lo bueno y hacer que ocurra lo que deseamos que ocurra.


Excelente narrativa política, muchas gracias por compartir