Siguiente capítulo: la venganza

¿Quería o no la presidenta Claudia Sheinbaum que se aprobara la reforma constitucional en materia electoral que presentó hace unos días ante la Cámara de Diputados?

De esa pregunta se derivan los demás escenarios, en el preámbulo del proceso electoral 2026-2027 que está en puerta, ya con un proceso interno en MORENA en marcha y luego de haber ratificado en enero pasado la continuidad de la coalición con el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) para la próxima elección.

Pensemos por un momento que sí, que la Presidenta deseaba cumplir con ese compromiso realizado en campaña para que las elecciones ya no fueran tan onerosas, para reducir el financiamiento público a los partidos políticos, y para que los espacios de representación proporcional (las llamadas «pluris«) dejaran de ser privilegios de las cúpulas y pasaran a ser decisión del pueblo.

En ese escenario, ¿qué consecuencias tendría el haber dado palo a la iniciativa de reforma constitucional, al no haber reunido los votos suficientes en la Cámara de Diputados para su aprobación?

Recordemos: en la sesión del Pleno de este miércoles hubo 259 votos a favor (246 de MORENA, 12 del PVEM y 1 del PT), 234 en contra (3 de MORENA, 70 del PAN, 49 del PVEM, 47 del PT, 36 del PRI, 28 de MC y 1 independiente), 1 abstención y seis ausencias (4 de MORENA, 1 del PT y 1 del PRI).

Parte de este resultado ya se veía venir con declaraciones previas de representantes de diferentes grupos parlamentarios que se expresaban en contra de la iniciativa presidencial, pero que a la postre darían visos de una eventual ruptura de la coalición entre MORENA, el PT y el PVEM, pese al compromiso de ratificación firmado en enero pasado.

En cambio, al pensar en el otro escenario en el que la presidenta Claudia Sheinbaum no quería que se aprobara la reforma constitucional, ¿qué consecuencias tendría la decisión tomada por la Cámara de Diputados este miércoles?

En ambos casos la coalición cuatroteísta estaba de por medio. Y en ambos casos, la negativa a la aprobación de la reforma constitucional era el pretexto perfecto para la Presidenta para sacudirse las rémoras y chantajistas a quienes ganaba la vulgar ambición.

No es gratuito que desde la conferencia en la que dio a conocer el contenido de la iniciativa, Claudia Sheinbaum hablara de «una cuestión de principios» que también implicaba una «responsabilidad moral» con un alto costo político que se cobrará eventualmente en las urnas.

La gravedad de las consecuencias está por verse con el llamado Plan B, una venganza que ya ha dado sus primeros visos y que no sólo se manifestará con nuevas propuestas de reformas a leyes secundarias, especialmente para recortar el financiamiento público a los partidos políticos.

No es fortuita la campaña recién lanzada desde las redes sociales del PT para vender la idea de que el Partido del Trabajo ha sido «el más legítimo» y «el más congruente» con la 4T, al acompañar en más de 25 años a Andrés Manuel López Obrador y ahora a la presidenta Claudia Sheinbaum.

Tampoco se puede negar que la Cuarta Transformación no ha hecho justicia a la lealtad mostrada durante tantos años por el PT; sin embargo, tal parece que en Palacio Nacional puede más la traición del partido y su dirigente nacional, Alberto Anaya, a quien se acusa como el principal operador del rechazo a la iniciativa de reforma constitucional.

La gravedad de las consecuencias para el PVEM también estaría por verse, considerando que hubo al menos 12 legisladores que votaron a favor de la iniciativa presidencial, aunque tampoco se olvida la negativa a instituir la disposición «antinepotismo» electoral a partir de 2027, por sus intereses en la elección en San Luis Potosí.

Más allá de que en próximos días se defina si tendrá valor el compromiso de ratificación de la coalición cuatroteísta firmado en enero pasado, en MORENA no se quedarán de brazos cruzados, mucho menos la presidenta Claudia Sheinbaum.

De acuerdo con fuentes cercanas a la dirigente nacional Luisa María Alcalde, había motivos para integrar expedientes de investigación (incluyendo fuentes como la FGR o las fiscalías estatales) sobre cada uno de las y los aspirantes a alguna candidatura de la coalición MORENA-PT-PVEM, motivos que iban más allá de poner filtros de seguridad para las postulaciones.

Hoy se sospecha que dichos expedientes de investigación eran preparativos para una eventual ruptura de la coalición, una hipótesis que coincide con la reciente instrucción (apenas el pasado fin de semana) para modificar el levantamiento de las dichosas encuestas de selección de candidaturas, encuestas en las que a partir de ahora se medirá a los seis perfiles mejor posicionados de los tres partidos en cada uno de los 17 estados que renovarán gubernatura.

Porque desde este miércoles, por distintas vías, ha bajado la instrucción de destruir toda credibilidad de sus otrora aliados de la 4T: el PT y el PVEM. Y esa instrucción incluye a las y los zacatecanos que votaron en contra de la iniciativa presidencial.

Recordemos: de las y los zacatecanos, únicamente votaron a favor Soledad Luévano Cantú, Ulises Mejía Haro, Ricardo Monreal Ávila, José Narro Céspedes, Julia Olguín Serna y Alfonso Ramírez Cuéllar. Todos de MORENA.

En contra: Noemí Luna, Miguel Alonso Reyes y Fuensanta Guerrero, por parte de la oposición; y entre los aliados cuatroteístas se cuenta a Carlos Puente Salas, Ana Luisa del Muro, Magdalena Núñez, Reginaldo Sandoval y hasta Giselle Arellano, a quienes se buscará agarrar como trapeador o como lazo de cochino en los próximos días. Y eso que aún falta mucho para el arranque formal del proceso electoral 2026-2027.

En medio de esta controversia que se avizora como una guerra campal, fue interesante la declaración del diputado federal Ulises Mejía Haro sobre el resultado de la votación a la reforma constitucional.

Mediante un video, el legislador zacatecano afirmó que esta iniciativa recogía demandas de la población como el hecho de que «quienes lleguen a estas cámaras lo hagan con el voto directo de la gente y no mediante esas listas que se deciden por las cúpulas de los partidos«.

Nada más que fueron las mismas cúpulas que retiraron a Alfredo Femat de la entonces candidatura que luego le fue asignada a Ulises Mejía Haro cuando ésta ya había sido siglada al PT. Para traiciones e ingratitudes, hay un movimiento honesto que ya se ha especializado en ello. Pero, pues, cada quién…