«La apariencia tiene más fuerza que la verdad y es árbitro de la felicidad».
Platón (428/7 – 347 a. C.), filósofo ateniense
Esta reflexión de Platón en su obra “La República” sigue vigente. Las apariencias tienen un enorme poder en la vida de muchas personas, que suelen dejarse llevarse más por las apariencias (lo que parece ser) que por lo que realmente es (la realidad).
Muchas personas basan su felicidad en el reconocimiento, el prestigio o la aprobación social, es decir, en aquello que aparentan ser, aunque eso no coincida con su verdad interior. Así, el filósofo nos invita a cuestionar si realmente estamos viviendo conforme a la verdad de nuestro ser o si, por el contrario, estamos sacrificando nuestra autenticidad en busca de una felicidad ilusoria basada en meras apariencias.
Eso pasa con muchos políticos en la actualidad, han dejado de preocuparse por tener capacidades, conocimientos y experiencia en el ámbito de los asuntos públicos, vocación de servicio, valores, empatía, compromiso, honestidad… Ahora a la gran mayoría lo que les importa es aprender a proyectar una buena imagen (aparente) y en sus discursos lo que desea escuchar la sociedad.
Hasta llegan a contratar asesores en imagen pública y redactores de discursos expertos en oratoria, quienes también los asesoran en la forma de transmitir sus mensajes retóricos en forma persuasiva, a fin de conmover, entusiasmar y convencer e influir en la decisión de los votantes. Es casi como aprender a trabajar en una obra de teatro.
Platón criticó, principalmente en el Georgias y en el Fedro, la retórica de los Sofistas, a quienes acusó de convertir el bien decir en un mero arte para la persuasión. Por ello, los ciudadanos debemos observar bien, reflexionar y aprender a ser críticos para identificar si lo que se nos presenta es mera apariencia o realidad.
Es así que una gran mayoría de políticos han aprendido el arte de “aparentar” y como diría el fabulista griego Esopo: “las apariencias a menudo engañan”. El discurso oficial muchas veces contradice la realidad.
Contrasta el discurso oficial y la realidad que se vive. Señalaba Platón: “El primer acto de corrupción de un funcionario es aceptar un cargo para el que no está preparado”. Mientras en el discurso oficial se presentan datos positivos sobre la economía, obra pública, salud, seguridad, inversión y empleo, entre otros, diversos medios de comunicación y organismos internacionales señalan una realidad paralela de deterioro en la economía, el empleo, la salud, la educación, así como aumento de violencia, corrupción e impunidad.
Las mediciones de desapariciones forzadas en México han cambiado con la actualización de las leyes y el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), La metodología gubernamental ahora divide los casos en categorías, diferencian entre «desaparición forzada» (involucra a agentes del Estado), «desaparición por particulares» (cometida generalmente por el crimen organizado), y personas no localizadas.
De acuerdo con la nueva clasificación, desapariciones forzadas han disminuido pero el Comité de las Naciones Unidas contra las Desapariciones Forzadas (CED por sus siglas en inglés) citó en una declaración reciente “el continuo hallazgo de fosas clandestinas” en el país, pues se habrían encontrado más de 4 mil 500 fosas con más de 6 mil 200 cadáveres y 4 mil 600 restos humanos.
Nuestro país se encuentra en un estado lamentable de carreteras y vialidades con baches que algunos de ellos parecen cráteres y que han provocado infinidad de accidentes. La autoridad está fallando en el derecho de los ciudadanos a una movilidad segura.
¿De qué sirve que el gobierno presente un “Programa Nacional de Infraestructura Carretera”, si sólo está plasmado en papel pero no lo vemos en la realidad? En discursos presentan avances del citado programa, pero se observa que la falta de mantenimiento ha provocado el deterioro de las vías de comunicación.
El bajo crecimiento económico aunado a insuficientes inversiones generadoras de empleos estables, ha provocado el aumento en las tasas de informalidad laboral, así como la ocupación en condiciones precarias. No se crean los puestos de trabajo necesarios para incorporar a los jóvenes que ingresan a la Población Económicamente Activa (PEA) y para reducir la informalidad y el desempleo.
La Nueva Escuela Mexicana ha sido un fracaso, busca un adoctrinamiento ideológico perverso, la inversión en el sistema educativo ha disminuido, se eliminaron las Escuelas de Tiempo Completo y la infraestructura es insuficiente.
El gobierno señala que más de 20 millones de estudiantes de educación básica reciben la Beca Rita Cetina, pero en las reglas de operación no exigen ningún promedio mínimo de calificaciones. Han aumentado las tasas de deserción en las escuelas públicas. Pero en el discurso, la presidenta declara que “la educación pública es la mejor de todas las educaciones”. Y ¿por qué no mandó a su hija a una escuela pública?
El derecho a la salud ha sido reconocido en declaraciones universales de derechos humanos. Escuchamos una y otra vez que el abasto de medicamentos supera el 97% en los servicios de salud públicos, sin embargo, vemos que el desabasto persiste. Los programas del bienestar son insuficientes para adquirir los tratamientos oncológicos, por ejemplo.
Reflexión final
Para lograr un gobierno funcional falta voluntad política, se requiere fortalecer el estado de derecho, impulsar políticas públicas que atraigan inversiones que generen empleos formales, respetar la independencia de los organismos autónomos y el sistema de justicia que han sido capturados por el oficialismo.
Hace falta que hagan realidad los principios que pregonan en la Cuarta Transformación: “No mentir, no robar y no traicionar al pueblo”.

