En este mismo espacio, hace menos de un mes describía la situación laboral de un grupo de amigos, en el artículo titulado A propósito del Día del Trabajo, cuyo enlace dejo a su disposición por si desea echarle un vistazo.
Por sí sola, sin porcentajes ni estadísticas ni cifras oficiales, la historia pinta un panorama aterrador en materia de generación de empleo, desempleo, subempleo e informalidad. Una historia que muestra crudamente cómo vivimos los mexicanos o, más aterrizadamente, los zacatecanos hoy día.
Considero que es de destacar el caso de dos mujeres que trabajan prácticamente sin sueldo, puesto que siempre se los quedan a deber y les van “abonando”, pero permanecen ahí porque tienen IMSS.
La historia es tan sui géneris, que no culparía a nadie por dudar de su autenticidad, pero les aseguro que es tan real como las cifras que acaba de difundir el INEGI de los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE).
Esos números, porcentajes y estadísticas calzan perfectamente con la desafortunada historia que retrata la precariedad en la que sobrevive la mayoría de la población, esa que dicen sacaron de la pobreza extrema.
De acuerdo con el reporte de la ENOE, al cierre del primer trimestre de 2026, el mercado laboral en Zacatecas mostró signos de estancamiento y precarización, pues registra un incremento en la tasa de desocupación y mantiene niveles críticos de informalidad laboral.
La medición muestra para el primer trimestre de 2026 una tasa de participación laboral de 52.1%, un incremento en el empleo informal (alcanzando el 60.6%) y una reducción en la subocupación.
El reporte de la Tasa de Desocupación es de 3.2% de la Población Económicamente Activa, lo que sitúa a Zacatecas por encima de la media nacional, la cual se posicionó en un promedio de 2.6% en este periodo, evidenciando mayores dificultades en el estado para la absorción de mano de obra.
Como si fuera poco, la información del INEGI muestra que Zacatecas registró una tasa del 60.6% en la Tasa de Informalidad Laboral, lo que significa que más de seis de cada 10 trabajadores en el estado laboran sin seguridad social, prestaciones de ley o en esquemas vulnerables, lo que se traduce en cerca de 427 mil 866 personas sin prestaciones laborales o vínculo reconocido, lo que representa un incremento anualizado de 38 mil 239 personas en esta situación.
Aquí es donde entran mis dos amigas y otros siete de la historia de 15 amigos, de los que sólo dos tienen empleos formales, con prestaciones de ley, salarios competitivos y oportunidades de crecimiento.
Por donde se le busque, en la actualidad tener un empleo formal, competitivo, bien remunerado y con prestaciones es un lujo casi inalcanzable.
Si obvervamos con atención, no son necesarias las encuestas oficiales para ver que algo no va bien en materia laboral, si ponemos atención en nuestro entorno, descubriremos que no todos nuestros familiares, amigos y conocidos tienen un empleo formal y único que satisface todas sus necesidades.
En la mayoría de los casos veremos que ya es cosa del pasado que sólo el jefe de familia trabaje para llevar el sustento a casa; en una familia tradicional ya es común que trabaje mamá y papá, y quienes no están en pareja en más de un caso tienen empleo, pero completan sus gastos vendiendo lo que pueden, desde comida hasta una infinita gama de productos.
Es muy común ver que afuera de las casas hay mesitas con venta de algo y más formalmente vemos “los tianguis comunitarios” que incluso son apoyados por los gobiernos municipales o estatales, donde emprendedores de todo tipo venen piñatas, postres, jabones, joyería o ropa, entre otros productos, en espacios públicos como parques y plazas o plazuelas.
A ello se suman los grupos en redes sociales donde se vende desde la llanta usada de bicicleta, hasta cosméticos, tamales, ropa usada y nueva, bolsos, autos, muebles, etc. Aunque habrá quien vende por vocación y gusto, muchos de estos comerciantes tienen un empleo fijo, pero con salario chiquito, por eso “le hacen la lucha” con lo que pueden. Y algunos otros venden porque es su forma de vida, en otras palabras, se autoemplean, con todo lo que implica ser patrón y empleado al mismo tiempo.
En cualquiera de los casos lo que es cierto es que, en general, somos una raza trabajadora, responsable y “luchona”, que no nos dejamos aplastar por el precario mercado laboral y siempre hallaremos la forma de “agarrar al toro por los cuernos”.

