En las ultimas semanas se han llenado las redes sociales de solicitudes de firmas, noticias, reportajes y manifestaciones para proteger Mahahual. Hoy te vamos a platicar sobre este gran tema.
La idea de Royal Caribbean era replicar un exitoso modelo de Perfect Day at CocoCay, un parque privado que esta compañía opera con éxito en las Bahamas, para su versión mexicana en Mahahual. La empresa planeaba desarrollar el complejo en una extensión monumental de entre 80 y 100 hectáreas, ubicadas estratégicamente muy cerca del puerto de cruceros. El proyecto contemplaba una inversión cercana a los mil millones de dólares e incluía atracciones masivas.
Se planeaba colocar más de 30 toboganes acuáticos de última generación, albercas gigantescas y exclusivos clubes de playa, decenas de restaurantes, centros de consumo y bares flotantes, un río lento considerado el más largo del mundo, con una capacidad estimada para recibir hasta 20 mil visitantes diarios.
Aunque la propuesta prometía la creación de miles de empleos directos y una derrama económica histórica para la región de la Costa Maya, las alarmas ambientales no tardaron en encenderse, desatando una ola de protestas ciudadanas y una fuerte presión internacional.
Lo anterior, debido a que Mahahual es una joya escondida, una comunidad pequeña y tranquila de menos de 3 mil habitantes, no tiene la infraestructura masiva ni hotelera de Cancún o Playa del Carmen.
Pero lo más importante es que se encuentra junto a uno de los tesoros ecológicos más sagrados y delicados del planeta: el Sistema Arrecifal Mesoamericano, que es el segundo arrecife de coral más grande del mundo, superado únicamente por la Gran Barrera del Coral de Australia.
Diversas organizaciones ecologistas, colectivos locales y habitantes denunciaron con todo su ser que este megaproyecto de entretenimiento amenazaba de forma directa a extensas zonas de manglares protegidos por las leyes mexicanas, playas vírgenes que funcionan como santuarios clave para la anidación de tortugas marinas, además de los corredores biológicos naturales de especies en peligro como el jaguar y el tapir, el delicado equilibrio de los corales y la vida marina del arrecife, así como el libre acceso público a las playas y la bellísima identidad local de la comunidad.
A esta voz, se sumó la organización internacional Greenpeace, denunciando formalmente que levantar este parque acuático implicaría la destrucción toral de la vegetación nativa y transformaría radicalmente el entorno.
La respuesta de la sociedad civil fue tan grande que una petición lanzada en Change.org superó la impresionante cifra de 4 millones de firmas, convirtiéndose de inmediato en uno de los movimientos digitales en defensa de un medio ambiente más grande en la historia del turismo en México.
Por su parte, Royal Caribbean defendió su proyecto argumentando que sí habían realizado rigorosos estudios de impacto ambiental. La empresa se comprometía públicamente a conservar los manglares, reubicar la fauna vulnerable de la zona y potenciar el desarrollo económico local.
Es importante mencionar que esta empresa fue fundada en 1968, con sede en Miami; es una de las corporaciones turísticas más ricas y poderosas del mundo. Sus barcos son auténticas ciudades flotantes equipadas con centros comerciales, casinos, teatro, pistas de hielo, entre otras cosas, que mueven millones de pasajeros al año. Sin embargo, en esta ocasión, todo su poderío económico no fue suficiente para pasar por encima de la naturaleza mexicana.
Para entender cómo llegamos a este histórico “no” es importante conocer la historia: en octubre del 2024, el gobierno federal anunció una serie de inversiones turísticas vinculadas al sureste del país y al Tren Maya, y es la primera vez que se menciona el proyecto Perfect Day México.
En el año 2025, Royal Caribbean inició con la adquisición de terrenos y los primeros movimientos en Mahahual, surgiendo las primeras manifestaciones de activistas. En julio de ese año se lanzó la petición ciudadana en redes para frenar las obras. En enero del 2026, la compañía formalizó ante la SEMARNAT la manifestación de Impacto Ambiental, confirmando la inversión de mil millones de dólares.
En febrero del 2026, Greenpeace encendió las alertas rojas al advertir que el complejo arrasaría con más de 16 hectáreas de vegetación costera. Hacia el primer semestre de 2026 las protestas sociales escalaron a niveles internacionales. Se interpusieron recursos legales y las autoridades ambientales suspendieron de manera temporal algunas de obras preliminares en la zona.
Para mayo de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum ordenó una revisión exhaustiva del estudio de impacto ambiental, declarando que no se permitiría ninguna activad que pusiera en riesgo el equilibrio ecológico.
Este es un ejemplo de que cuando la ciudadanía se une, levanta la voz y las autoridades actúan con responsabilidad científica, es posible proteger la riqueza natural de nuestro país. El desarrollo económico siempre debe ir de la mano con el respeto absoluto a nuestra Madre Tierra.

