«Dondequiera que haya un ser humano, hay una oportunidad para la bondad».
Lucio Anneo Séneca (4 a. C.- 65 d.C.), filósofo romano.
Muchas veces utilizamos la palabra “bondadoso” al referirnos a una persona que practica actos de bondad, que hace cosas buenas. La palabra “bueno” proviene del latín “bonus -a -um”; “bondad” de “bonitas”. El diccionario define la “bondad” como “la cualidad de ser amable”. Alguien que tiene inclinación a hacer el bien.
Estamos viviendo en una sociedad dividida por la polarización política, problema que se ha venido agravando, llegando a la confrontación entre familiares por las diferencias de opinión y a menudo distanciando a la familia, en lugar de comunicarse de una forma efectiva y constructiva. Podemos defender nuestro punto de vista sin ofender ni insultar, siendo respetuosos con quienes piensan diferente.
Nuestra sociedad padece muchos problemas que los aquejan, hay quienes se encuentran en situación vulnerable, sufren de hambre, soledad, enfermedades, discriminación, falta de acceso a la educación o a un empleo, hay quienes carecen de un hogar.
La manera en que se comporta una persona muchas veces es producto del aprendizaje o de las circunstancias, o incluso de sus primeros años de vida, personas que han sido dañadas muchas veces hacen daño. Por eso enseñar a practicar la bondad es de suma importancia en todo el mundo y es una habilidad que todos podemos fomentar, ya que la bondad es contagiosa e inspira a otros a practicarla.
No siempre se elige la opción más bondadosa a quien se debería responder con empatía, en ocasiones las circunstancias, el contexto o desafortunadamente la misma polarización que se vive, motiva a algunas personas a permanecer indiferentes o responder en forma perversa.
Cuando una persona ha sufrido carencias, discriminación, entre otros, crece resentida y con frecuencia olvida lo que es recibir bondad, no sabe ser amable ni conectarse con los sentimientos de otras personas, generando desgaste emocional, eso no quita que la persona que permanece indiferente o reaccione de manera malvada no sufra, por el contrario.
Por ello, es importante que los padres enseñen a los niños desde pequeños con el ejemplo a practicar actos de bondad, a ser amables. Desde los buenos modales como pedir “por favor” y dar las “gracias”, a demostrar empatía con quienes estén pasando por una situación difícil. Enseñar a los hijos a ser humildes, generosos y desinteresados (sin esperar recompensas) hará que se desarrolle un ambiente de bienestar a su alrededor.
Realizar actos de bondad tiene muchos beneficios para ambas partes: fortalece los lazos con los demás, estrechando relaciones más profundas basadas en la confianza y el aprecio mutuo; mejora la salud emocional, se desarrolla el aprecio por los demás y se fomenta el bienestar colectivo.
Hace algunos años estuve visitando una casa cuna con la idea de dar amor a los niños que se encontraban ahí, fue grande mi error ya que recibí más, ni mis hijos me habían dado un abrazo tan fuerte como esos niños, reflejo de la necesidad de sentirse protegido y querido.
Siento un gran aprecio y admiración por mis amistades que en su vida cotidiana son ejemplo a seguir, ya que practican diversos actos de bondad tocando la vida de quienes más lo necesitan, lo hacen en diferentes formas:
Brindan alimentos a familias vulnerables, ya sea directamente o haciendo labor a través del Banco de Alimentos; destinan tiempo y dinero para visitar asilos y proveer de insumos; donando ropa, calzado y alimentos a los niños de casa cuna, así como a niños en situación de calle, hacer trabajo de voluntariado.
Estoy convencida de que todos debemos contribuir a un mundo más amoroso y humanitario, la amabilidad aumenta los niveles de felicidad, una sonrisa provoca alegría, los actos de bondad elevan la autoestima, fomenta la empatía y la conexión con los demás, reduce la hormona del estrés y estabiliza el estado de ánimo aumentando la sensación general de satisfacción y felicidad.
Hay muchos motivos para ser bondadoso, ya que la bondad no sólo beneficia a quien la da y la recibe, también beneficia a las personas que observan. Hagamos de la amabilidad y la empatía nuestro actuar de cada día, tenemos la oportunidad de marcar la diferencia en la vida de muchas personas. Los pequeños actos de bondad pueden crear un efecto en cadena. Es cuestión de elección.

