La crisis mundial del aguanos afecta a todos, aunque de forma desigual. En lugares donde las personas carecen de acceso al agua potable y al saneamiento de sus hogares las desigualdades se acentúan; son las mujeres y las niñas quienes sufren las peores consecuencias.
Son ellas las que se encargan de recolectar y gestionar el agua, quienes enferman debido al consumo de agua insalubre, son ellas las que sacrifican su tiempo, salud, seguridad y oportunidades.
Sin embargo, con demasiada frecuencia las mujeres y las niñas quedan excluidas de la toma de decisiones, el liderazgo, financiación y representación en los sistemas de gobernanza del agua. Esto convierte la crisis del agua en una crisis con rostro de mujer.
Para afrontar estos desafíos debemos adoptar un enfoque transformador y basado en los derechos, en el que se escuchen las voces de las mujeres y se reconozca su capacidad de acción.
Es fundamental que las mujeres estén representadas de manera equitativa en todos los niveles de liderazgo relacionados con el agua y que participen en el diseño de cada tubería y en la formulación de cada política.
Asimismo, las mujeres deben impulsar el cambio en las cuestiones hídricas, en calidad de ingenieras, agricultoras, científicas, trabajadoras del saneamiento y líderes comunitarias.
Vivimos en un contexto marcado por los riesgos crecientes a los que nos enfrentamos, desde un clima cambiante y los desastres relacionados con el agua hasta la falta de financiación, sin olvidar ciertas normas sociales y las deficiencias en materia de gobernanza.
Esto implica, entre otras cosas, involucrar a los hombres y los niños como aliados en la promoción del agua potable, el saneamiento y la higiene para todos, así como en la lucha contra las normas y los comportamientos que impidan a las mujeres y las niñas alcanzar su pleno potencial.
Sólo entonces los servicios de agua potable podrán satisfacer las necesidades de todas las personas, lo que permitirá a las mujeres y niñas llevar vidas más saludables y plenas, harán del agua una fuerza impulsora del desarrollo sostenible y la igualdad de género para que beneficie a todos.
El agua puede ser una fuerza poderosa para logar la igualdad entre los géneros, pero para ello es necesario que todos pongamos de nuestra parte. Tanto la ciudanía como las escuelas, organizaciones, empresas y las autoridades desempeñan un papel importante para garantizar que donde fluye el agua, crecen las igualdades.
Es hora de que se le dé a las mujeres el lugar central de las soluciones relacionadas con cuestiones hídricas. Las mujeres deben moldear el futuro del agua, los servicios relacionados con el agua, deben resistir el cambio climático y satisfacer las necesidades de todas las personas.
¿Sabías que?
- Mas de 1,000 millones de mujeres, cerca de una cuarta parte de las mujeres de todo el mundo (27.1%), carecen de acceso a servicios de agua potable gestionados sin riesgos.
- 1,800 millones de personas siguen careciendo de agua potable en sus hogares y en dos de cada tres hogares las mujeres son las principales responsables de ir por el agua.
- En los 53 países sobre los que se dispone de datos, las mujeres y las niñas dedican 250 millones de horas a la recolección de agua, más del triple que los hombres y los niños.
- Cada día mueren en el mundo unos 1,000 niños menores de cinco años debido al agua insalubre, el saneamiento inseguro y la higiene deficiente.
- Alrededor del 14% de los países aún no dispone de mecanismos que garanticen la participación de las mujeres en igualdad de condiciones en la toma de decisiones relacionadas con el agua y la gestión de los recursos hídricos.
Donde fluye el agua, crece la igualdad. Cuando las mujeres y las niñas participan en pie de igualdad en las decisiones sobre el agua, los servicios relacionados con este recurso se vuelven más inclusivos, sostenibles y eficaces.
Es preciso invertir en el liderazgo de las mujeres para hacer del agua una fuerza impulsora de un futuro más saludable, más próspero y con mayor igualdad de género que nos beneficie a todos.

