
Este lunes 7 de septiembre se inaugura el primer periodo ordinario del tercer año Constitucional en la 65 Legislatura. El último y el más accidentado, pero también uno de los más relevantes, por ser el periodo en el que se aprobará el último Paquete Económico para la actual administración estatal.
A partir de hoy, resta exactamente un año para el relevo en las 30 curules de mayoría relativa y representación proporcional, ahora con nuevas reglas electorales gracias al reciente «domingazo legislativo» que ha sido tan cuestionado.
De hecho, ese «domingazo legislativo» es un ejemplo bastante elocuente de una 65 Legislatura caracterizada por las «letras chiquitas»: iniciativas que aparentan una cosa y en el fondo esconden disposiciones polémicas poco o nada socializadas.
Cómo olvidar aquel dictamen de la Comisión de Puntos Constitucionales que preside el morenista Santos González en el que se incorporó una decisión (de la que nadie se atribuyó autoría) por la que se obligaba a servidores públicos a renunciar al cargo un año antes de la elección si aspiraban a contender por una diputación local.
Sin leer las «letras chiquitas», así fue aprobado el dictamen que, meses más tarde, daría marcha atrás con otra reforma constitucional disfrazada de «lenguaje inclusivo» (otra vez, las «letras chiquitas»), a fin de volver a modificar las disposiciones y que quedaran tal como se encuentran para otros cargos de elección popular.
También en materia electoral, en otro ejemplo de «letras chiquitas», cómo olvidar la reciente reforma relativa a la nueva fórmula para distribuir las diputaciones plurinominales cuyos efectos se verán hasta pasada la elección de 2027 y que, ciertamente, esconden una trampa que aún no se ha dimensionado.
Las «letras chiquitas» también se colaron en los dictámenes por los cuales se declaraba la extinción del Instituto Zacatecano de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (IZAI) para dar paso a la creación de Transparencia para el Pueblo de Zacatecas con una nueva legislación en la materia que agregaba supuestos (bastante ambiguos) para clasificar una información como «reservada». Y nadie dijo nada.
Tal vez el caso más significativo de «letras chiquitas» en la 65 Legislatura sea la aprobación del Presupuesto de Egresos 2025, en cuyo Anexo 10 se contemplaba cancelar (es un decir) el financiamiento al cuestionadísimo proyecto del Viaducto elevado que nadie pidió, quizás adelantándose a la eventual suspensión definitiva que otorgarían tribunales federales y que dejaría en vilo más de 1 mil 500 millones de pesos que ya se habían proyectado para las obras.
No fue el único caso relativo a los proyectos plurianuales. Ahí tenemos el cochinero jurídico que ha enmarcado el desarrollo del C5i (aunque hace tiempo se hayan olvidado de la «i» de «inteligencia»), un cochinero aprobado por la 64 Legislatura cuyas «letras chiquitas» tuvieron que ser corregidas por la actual Legislatura para darle certeza jurídica al proyecto emblema en materia de seguridad para la «nueva gobernanza».
En su tercer y último año de actividades, la 65 Legislatura aún puede seguirse caracterizando por las «letras chiquitas» en su desempeño, sobre todo si consideramos que más de la mitad de las y los diputados locales parece que no le han dado ni una sola leída al Reglamento, a tal grado que en varias ocasiones han dado muestra de mociones que no son mociones, por poner un ejemplo de lo más inofensivo.
Porque si hablamos de procedimientos, sobran los ejemplos en los que se hacen las cosas haiga sido como haiga sido, y luego corrigen, empezando por minutas votadas a la medianoche que luego derivarían en iniciativas para validar un procedimiento que aún no existía.
Más allá del daño que aún pueda hacer la 65 Legislatura en este último año de actividades, al ser año electoral, eventualmente se presentarán las separaciones del cargo para quienes aspiran a contender por otra posición, particularmente en MORENA, en cuyos estatutos (y las convocatorias correspondientes que aún no da a conocer el CEN) sí se obliga a sus militantes a separarse de su posición, incluso mucho antes de lo que establece la normatividad en la materia.
Considerando que quizá sea el último proceso en el que varios y varias se podrán reelegir (recuérdese que esta disposición ya se prohibirá a partir de 2030), tal vez este primer periodo ordinario termine con suplencias en varias curules.
Por lo pronto, se espera que la Mesa Directiva sea presidida por el grupo parlamentario de MORENA, y aunque nadie parece tener intenciones de ocupar dicho espacio, las previsiones se decantan por la diputada migrante Ma. Dolores Trejo Calzada, a quien en caso de ser electa para presidir los trabajos de este periodo ordinario no sólo correspondería recibir el quinto informe de gobierno, sino también conducir la Glosa correspondiente en el mes de octubre y hasta la discusión y votación del último paquete económico de la «nueva gobernanza».
Ciertamente, aunque en el Ejecutivo estatal el último año siempre es el más ignorado (por estar la atención concentrada en el proceso electoral), no hay que bajar la guardia en el Poder Legislativo, en cuyo último año, sin reflectores, aún pueden aprobar muchísimas cosas que parecen buenas, pero no lo son. Y para prueba están las últimas Legislaturas en Zacatecas.
Recuérdese que uno de los temas más polémicos que requieren la intervención del Legislativo es el Issstezac. Y sin ojos que vigilen el actuar del Legislativo, las y los diputados locales pueden hacer y deshacer a su antojo. Pero, pues, cada quién…


