Hoy por la mañana abrí el refri para sacar un poco de brócoli que tenía reservado para hacer un omelet para mi hijo como su desayuno antes de ir a la escuela; sin embargo hubo cambio de planes: el alimento ya no era apto para su consumo.
Como movimiento mecánico, lo saqué, lo vacié en una bolsa y deseché. Con ese pequeño movimiento, mecánico e inconsciente, me sumé al hábito –porque ya es un hábito, no muy bueno, por cierto– que tenemos miles, tal vez millones de mexicanos, que sólo porque podemos, tiramos sin conciencia millones de toneladas de alimentos, tanto en buen estado como no, mientras miles de compatriotas sobreviven con lo mínimo o saltan alguna comida.
Desde siempre he tratado de optimizar los alimentos: compro lo necesario, cocino y congelo para preservar, comparto y «reciclo» en el recalentado o en platillos diferentes, al principio porque nunca me gustó desperdiciar comida y luego por economía.
Sin embargo, también es cierto que por descuidos he depositado en la basura una cantidad considerable de alimentos; nunca la he contado, medido o pesado, pero un anuncio que leí en algún lugar me hizo reflexionar al respecto y también investigar.
¿Alguna vez usted ha tomado conciencia sobre esto? ¿Cuida su consumo? ¿Tira comida? ¿Cómo afecta a nuestra economía?
De acuerdo con la Red de Bancos de Alimentos de México (Red BAMX), México encabeza la lista de países que más alimentos desperdicia en América Latina con alrededor de 30 millones de toneladas al año, equivalentes al 40% de la producción agropecuaria.
Sólo este dato debería activar las alarmas no sólo del gobierno, sino de todos los mexicanos, pues según las cuentas de la Red BAMX cada persona en la República Mexicana desperdicia de 94 a 105 kilos de comida anualmente.
Se estima que la mitad del desperdicio proviene de las casas. Los motivos son variados: desde comprar de más hasta dejarlos que se echen a perder en el refri –como me pasó con el brócoli–, mal almacenamiento, mala planeación, preparar más de lo que se va a comer, y tirar, sin más, lo que no pudimos consumir en una comida.
Otra fuga se presenta en las tiendas, sobre todo en los supermercados, donde las frutas y verduras que ya “no se ven bonitas”, nadie las compra y las tiran en cantidades insultantes; igual que en restaurantes o comedores institucionales –no diré nombres, pero he sido testigo de que los alimentos preparados del día, si los trabajadores no los consumen, los tiran, en lugar de donarlos a la comunidad, por ejemplo–.
Y lo que resulta prácticamente insólito, una gran parte de los alimentos que se desperdician en México se echa a perder en el campo, muchas veces en el surco por razones burocráticas, políticas y económicas, más que por incapacidad de los agricultores para cosechar, trasladar, guardar o comercializar.
Otros países que también desperdician alimentos son: Brasil acumula alrededor de 20 millones de toneladas anuales, Argentina cerca de 16 millones y Colombia presenta un promedio de 70 kilogramos per cápita.
La Organización de las Naciones Unidas incluye además a República Dominicana, Panamá y Ecuador entre los países con mayores niveles de desperdicio en la región.
En México, para contrarrestar un tanto el flagelo de la pobreza alimentaria, existen los Bancos de Alimentos desde hace 29 años; actualmente hay 58 en todo el país, donde mil 812 colaboradores y seis mil 330 voluntarios “rescatan” comida de tiendas, restaurantes y casas para llevarlo a quienes carecen de ella.
La Red BAMX estima que la comida que se desperdicia en México sería suficiente para cubrir la alimentación de más de 28 millones de personas en condición de carencia.
Actualmente, cerca del 30% de la población en el país enfrenta inseguridad alimentaria, lo que equivale a unos 44 millones de personas.
¿Había pensado en esto? Y, ahora que lo sabe, ¿qué hará?

